CASTELLA , Milagros - De sacristán/campanero a la era electrónica

De sacristán/campanero a la era electrónica

Hay dos cosas que permanecen en el recuerdo de los pueblos de esta Geografía valenciana: el olor inigualable del invisible humo de la leña de los hornos de pan-cocer que se expandía entre las casas enjalbegadas y el toque de las campanas volteadas por el sacristán que hacía aflorar unos sentimientos que te impelían a permaner sin moverte escuchando su tañido. Hoy, la revolución industrial se ha apropiado también de estas añoranzas. El pan dejó de ser manual y el horno se convirtió en eléctrico y en cuanto a las campanas han ido desapareciendo los entusiastas campaneros y ahora en su mayor parte se coordinan sus toques también por electricidad que mueve un motor o con mas sofistificación, un ordenador. En la Comunidad valenciana tenemos la suerte de tener una gran tradición de campanarios y campanas y en la actualidad hay personas con sensibilidad suficiente para impedir que se extinga.

En los primeros siglos del Cristianismo, ésta fué la religión dominante en el Mediterráneo y el Papado quiso conseguir una Europa unida bajo la iglesia católica -cuyo significado es "universal"-, por eso los monasterios repartidos por todas partes fueron centros de cultura tanto como de piedad, ya que copiaban viejos manuscritos, escribían historias, acumulaban libros y llevaban el Evangelio a las gentes que vivían a su alrededor con el toque de una campana de reducidas dimensiones para convocar al pueblo en las festividades. En el s. VIII, ésto cambiaría drásticamente debido a la expansión de la nueva religión, el Islam, que se mantuvo en estas tierras valencianas más de 400 años y durante la dominación musulmana las campanas estuvieron mudas puesto que su religión no las contempla, ya que llama a la oración de palabra.

Pero llegando a la también lejana época del s. XIII cuando Jaime I el Conquistador convierte Valencia en cristiana, inmediatamente las mezquitas son transformadas y comienza su nueva legislación, el comercio, los gremios de artesanos y su expansión. Se multiplican las Iglesias con un modesto campanario que llegue a todos los cristianos y pronto la población empieza a alcanzar un volumen y la Ciudad un desarrollo de riqueza que la convertirán en la más importante de España, exceptuando Granada que aun sigue siendo musulmana.

Quién repicaba y volteaba las campanas? Sin duda alquien que las amaba y disfrutaba por tanto con su tañido enviando sus mensajes de oración, los de gloria por las festividades o comunicando noticias por el fallecimiento de un vecino. Y no hay duda que fueron muchos los sacristanes que tiraron de sus cuerdas antes de ayudar a Misa.

Yo conocí en un pequeño pueblo "al fill del campàner", lo que nos lleva a una tradición que duró muchos años por la geografía valenciana y éste era notable por la calidad que conseguía de las dos Únicas campanas de la Iglesia. Ya que al igual que un mÚsico con pausas o alargando las notas consigue una melodía de su instrumento por primitivo que sea, este hijo y nieto de campaneros se ganó una bien merecida fama.

Mientras, aquel toque de oración colectivo, el del Angelus para dejar el trabajo y alzar los ojos al cielo en una corta oración, el de queda a la puesta del sol y la llamada a los Oficios divinos se había ampliado desde Roma por los mandatos del calendario cristiano multiplicándose la necesidad de lanzar los mensajes que interpretaba el pueblo y ya no eran solo los referentes a la vida espiritual, habían entrado en el orden social de la comunidad. Se conocían los de peligro, alegría por el éxito de una batalla o tanto volteadas avisando de la próxima festividad o de la llegada del Rey. Las campanas habían pasado a ser varias y mayores y hubo que contratar quien dedicara horas a su cometido. Ya era una profesión reconocida.

Y esta necesidad de multiplicar los mensajes obliga al Cabildo a decidir la construcción en Valencia de una Torre de Campanas, que sustituyera la que se estaba quedando insuficiente y que el nuevo campanario albergara las necesarias, no solo para la vida cristiana sino para medir el tiempo de la vida comunal de aquellos habitantes que vivían en las Poblas fuera de murallas, con nuevas casas a su alrededor.

Se conserva un Diario, el Dietari del Capellá del rey Alfonso el Magnánimo, aquel que desde Nápoles da paso al Humanismo que asimilan los caballeros valencianos que forman parte de su Corte y que colaboraron con su famosa obra literaria al siglo de Oro de Valencia, el 400. El autor del Dietari del que no sabemos su nombre sirvió como capellán, acompañante y escribano del Rey y aquí vino a establecerse cuando regresó de Nápoles dando cuenta con minuciosidad de la vida ciudadana, relatando castigos y hechos memorables. Lo escribió a mano y es de gran extensión y entre las muchas noticias da la siguiente que tuvo lugar un día de Año Nuevo de 1381.

Dice con la ortografía de la época:

VIII. Del campanar de la seu nou "En l'any de nostre senyor Deu mccclxxxi., lo primer día de gener (qui es dia de ninou), per lo senyor bisbe de Valencia, don Jaume, e per lo clero e per los regidors de la dita ciutat e per molta notable gent, ab gran professo e ab molt gran solempnitat, foren al loch del campanar nou, e axi, ab tota aquella solempnitat e gran devocio e bella serimonia, fonch messa la primera pedra e començat e princi- piat lo fonament del dit campanar nou.(1)

Y éste fue el principio de lo que ha llegado hasta hoy como el emblema valenciano: el Miguelete.

Una vez terminado se grabó una placa -que aun existe- recordando esta fecha. Fue construído como torre de campanas separado de La Seo "en piedra de sillería y su hechura ochavada, la qual tiene de alto como la circunferencia". Y tuvo que colaborar para terminar las obras el famoso Pere Compte "molt sabut en l'art de la pedra" que cuenta en su extraordinaria maestría con otros monumentos dejados para la posteridad, entre ellos la Lonja, Patrimonio de la Humanidad.

Las campanas que tenían que subirse una vez forjadas, se bendecían solemnemente y con este acto pasaban a propiedad de la Iglesia. Parece ser que se aprovechó alguna del primitivo campanario que nos da una idea de su antigüedad, pero tanto el Obispo como los representantes de la Ciudad querían que las nuevas fuesen apropiadas en tamaño y peso a su categoría monumental, ya que en altura la nueva torre iba a descollar sobre la arquitectura de la Ciudad.

Es tradición que todas tengan nombre dándole personalidad a un instrumento que ha regido la vida espiritual y laboriosa de generaciones y son innumerables las personas -en esta tierra de mÚsicos- que reconocen su particular sonido por separado, lo que permite que se pueda interpretar una sonora melodía siguiendo especiales partituras compuestas especialmente y que datan en su mayor parte de antaño.

Alguna campana, recuperada del primitivo campanario se quebró en el transcurso del tiempo, así tenemos al erudito Orellana que dedicó toda su vida a escribir sobre Valencia que en su obra cumbre cuenta que la llamada Bárbara la bajaron rota en 1680 con la inscripción "Joannes Calcerer me fecit, anno Domini 1306", por lo que estuvo sonando casi cuatro siglos. La hicieron de nuevo, repitieron esas palabras y solo añadieron la del nuevo maestro fundidor.

Y así llegamos a 1418 cuand el Obispo y la representación ciudadana acuerdan hacer una grande dedicada a San Miguel que sonaría las horas y por tanto recibe este nombre y afectuosamente Miquel y Micalet, que es con el que se queda para los valenciano-parlantes, aunque sea el nombre de la campana lo que ha llevado por extensión al campanario que sigue siendo un emblema y que ha estado enraizado en la vida de su pueblo hasta el punto que sirvió, incluso durante largos años, de torre de señales con ahumadas de leña para avisar de los frecuentes ataques de los piratas turcos y berberiscos a las poblaciones de la costa valenciana.

El Miguelete iba a completarse con un nuevo reloj. Por Deliberación de los Jurados en 1413 se resolvió el encargo y colocarlo en lo que era la torre más alta de la Ciudad con el fin de que se oyera también en el campo, fuera de Puertas y hasta una legua de distancia. El que existía hasta entonces no dejaba oir bien su campana de las horas ya que tenía el sonido poco elevado.

Y poco después se ajustó con un "mestre relloxer" que por 30 libras al año lo mantendría "corriente" tocando por sí mismo y pasando en silencio la campana de los cuartos como menos principal.

Así, otro hombre tuvo que subir diariamente los 205 escalones de la nueva torre para darle cuerda y ajustarlo.

Pero los siglos se deslizan invariablemente y aquellos artilugios de muelles y rodamientos y aquellas cuerdas para mover unas campanas ya no necesitan de la mano del hombre, el tiempo la ha sustituído por la electricidad con sus motores y hoy por el ordenador.

El reloj moderno es exacto y el Micalet, la gran campana de las horas sigue sonándolas día y noche con su antiguo martillo de hierro accionado por el progreso.

Las campanas que en la mayor parte de España también han desaparecido -esos pueblos despoblados-, son ahora oídas por obra y gracia de unos chips que intentan igualarlas con un programa electrónico, aquellos sones armoniosos que salían tanto de la calidad de la campana como del corazón del hombre que las tañía y volteaba.

Nosotros somos afortunados porque gracias a unas personas que recuperan el pasado con las posibilidades del equipamiento actual restauran campanarios y campanas y conservan aquellos toques tradicionales que en el pasado eran habituales. (2)

Y sobre todo, en fiestas o fechas importantes, olvidando la electricidad las hacen sonar manualmente en equipo, recuperando aquella mÚsica compuesta especialmente. El Miquel con su 2'35 de diámetro y sus casi 8 toneladas sigue contando las horas y arriba del campanario sus once compañeras conservan el latido para el que fueron fundidas a lo largo de los siglos pasados.

El Micalet pues sigue vivo, así que quiero terminar con una inmensa gratitud a sus ancianas campanas, a JAUME, a CATERINA, a BàRBARA, a MANUEL, a MARIA, a VICENT, a ANDREU, a PAU, a ARCIS, a ÚRSULA y a VIOLANTE.... Pues ellas nos hacen sentir lo que significa hoy "Echar las campanas al vuelo!"

(1) “Del campanario de la seo nueva En el año de nuestro señor Dios 1381, el primer día de enero (que es día de año nuevo). Por el señor obispo de Valencia, don Jaime, y por el clero y por los regidores de la dicha ciudad y por mucha gente notable, con gran profesión y con mucha solemnidad, fueron al lugar del nuevo campanario, y así, con toda solemnidad y gran devoción y bella ceremonia, fue puesta la primera piedra y comenzado y empezado la fundación de dicho nuevo campanario”

(2) El GREMI DE CAMPANERS VALENCIANS.- 1988

Milagros CASTELLA
"www.jubilatas.com" (2004)
  • VALÈNCIA: Campanas, campaneros y toques
  • Campaneros: Bibliografía
  • Campanas (epigrafía, descripción): Bibliografía
  • Toques manuales de campanas: Bibliografía

     

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