LLOP i BAYO, Francesc - Nuestras campanas (19) - Las campans de Borbotó

Nuestras campanas (19)

Las campanas de Borbotó

El conjunto de campanas de Borbotó constituía, hasta su electrificación, un perfecto ejemplo de campanario de la Huerta. Tres campanas, un tiple, una mediana y la grande, de las que las dos menores habían sido destruidas en la guerra. Solamente dejaron la mayor, un precioso ejemplar de principios del siglo pasado, "para tocar el mediodía", o sea para marcar la hora de comer - una forma como otra de reutilizar el toque del Ángelus, de uso tan antiguo en nuestras tierras.

La campana menor, de 42 cm de diámetro, "Sant Vicent Ferrer 1962, es refongué en 1989". La rehizo ManclÚs y posiblemente sea su tercera refundición tras 1940. Tiene una imagen del santo.

La mediana, mal hecha, como con prisas, tiene 63 cm de diámetro, está dedicada al " Stmo. Cristo de la Luz. Borbotó año 1940 " y está hecha por Manuel Roses Vidal. La misma inscripción está incisa, grabada en el bronce, y es posterior por tanto a la fundición.

La mayor es una pequeña joya. De 76 cm de diámetro, lleva la inscripción " + Santa Ana ora pronobis. Año + 1816 ". Aunque es anónima, procede seguramente del mismo autor que hizo las dos campanas del Monasterio de la Trinitat de València, ya que destaca el exagerado alto relieve de Santa Ana. También tiene una Santa Bárbara y otro Santo.

¿Por qué se electrificaron estas tres campanas? Por lo típico de los años sesenta: el campanero estaba harto de pasarse las fiestas sin nadie que le ayudase y pidió a la parroquia que se motorizaran las campanas, aunque sigue, hasta hoy, encargándose de su mantenimiento. Fue uno de los pocos trabajos de Murua, de Vitoria, por nuestras tierras con unos yugos de hierro excesivamente equilibrados, con motores con cadenas, y unos electromazos tan grandes y primitivos que casi se oye más el ruido del mecanismo que el golpe de la campana. Como era costumbre de esta empresa, desaparecida hace unos diez años, los badajos eran tubos de hierro huecos, con una bola al extremo. Tienen la ventaja de que no se rompen nunca, pero el resultado es lamentable ya que por la falta de peso el badajo rebota y da dos o tres golpes cada vez. sobre todo cuando sube la campana. Ahora bien, para campanas tan equilibradas como éstas es la Única solución, ya que los badajos normales tienen a romperse con una sorprendente regularidad.

Estamos hablando todo el tiempo de tres campanas, como si sólo hubiesen estas en la torre. Es cierto, como apuntamos al principio, que el conjunto tradicional de la Huerta constaba de este nÚmero y el cuarto ventanal de la torre estaba ocupado a veces por las matracas, para los toques de la Semana Santa, o por la "campaneta de tocar a missa", una mucho más pequeña, que solía tocarse a medio vuelo para las misas ordinarias de cada día.

El campanero de Borbotó, enamorado de su torre y de sus campanas, quiso mejorarla, y regaló, con un gran esfuerzo económico personal, una cuarta campana, de 71 cm de diámetro, con la inscripción " Sta. Maria S. Josep S. Alejandro Borbotó 1991 " El mecanismo y la instalación corresponden al fabricante, Salvador ManclÚs, y en consecuencia la campana tiene otros ritmos y diferente modo de funcionar con respecto a las otras. El campanero, en un gesto emotivo y costoso que le honra, quiso recordar con la campana a sus abuelos, dedicándola a sus santos.

Desde nuestro punto de vista, esta donación de una cuarta campana plantea unos problemas muy delicados que no somos capaces de resolver: ¿hay que mantener una instalación tradicional, por el hecho de serlo (las tres campanas de la Huerta)?. ¿Es razonable colocar una cuarta campana, con una nota tan cercana a las otras que apenas se diferencia de ellas?

En un caso como éste, y manteniendo todas las donaciones y respetando todas las voluntades seríamos partidarios de reservar la campana nueva, fijándola, para los toques de las horas exclusivamente. Y luego volveríamos a instalar los yugos de madera de las tres campanas originales, renovando la instalación mecánica, que está pidiendo el cambio a gritos, de manera que se recuperen los toques manuales que el campanero aÚn conserva, aunque reproduciéndolos a través de los pulsadores eléctricos.

Es un dilema complicado, que se está dando en muchas torres de la Huerta, y que es preciso resolver con delicadeza, pero manteniendo no sólo los toques tradicionales, sino una sonoridad original que no suele recuperarse añadiendo una cuarta campana, a menudo un eco de las dos grandes existentes.

Francesc LLOP i BAYO
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