GONZÁLEZ GUDINO, María Ángeles - Campanas de siempre - Recuerdos de todos

Campanas de siempre

Recuerdos de todos

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
Valencia (2003)

Bendición o bautizo de las campanas de iglesia

Siempre ha sido motivo de jÚbilo la bendición y colocación de las campanas en sus torres campanarios. Su liturgia es muy antigua y en extremo solemne e iba seguida de la fiesta popular, pues en ella participaban todos los ciudadanos de una comunidad, de una parroquia o de toda la ciudad si se trataba de las campanas de su Catedral.

Volvamos al S. XV. Las nuevas campanas destinadas a su imponente torre campanario están llegando a Valencia. La población entera ha salido a recibirlas y con manifiesta alegría las acompañaran hasta la Catedral. Ya está completo el magnífico juego de campanas del Campanar nuevo. Algunas de las campanas que lo componen ya están bendecidas, pues proceden de la vieja torre campanario, otras, las que acaban de llegar, van a ser bendecidas antes de subirse a la torre, pues se deben bendecir antes de dedicarlas al servicio de la iglesia. Todo está preparado. El rito es muy antiguo, data del siglo VIII, pues ya se practicaba en el periodo carolingio.

El pueblo se agolpa alrededor de la Catedral, más pequeña que la actual y con su torre campanario separada de ella, esperando el acontecimiento. Ya salen de la Casa de la Ciudad los Jurados presididos por el Jurat en Cap, les preceden los maceros, los timbaleros y la enseña de la Ciudad. Se dirigen a la cercana Catedral. Allí les espera el Obispo con todo su Cabildo. No falta nadie. Van todos revestidos con sus mejores galas a fin de ser reconocidos. El Obispo porta una blanca capa pluvial, lleva sobre sus sienes la mitra y en su mano el báculo y se acerca a las campanas. Junto a él se encuentran los ministros asistentes. Una por una serán bendecidas las campanas.

Comienza la ceremonia. El propio Obispo bendice el agua y la sal con la que el mismo lavará la campana, ayudado por sus asistentes, secándola a continuación con un fino lienzo. Ya esta la campana seca y empieza a oírse el rezo de los salmos (del 145 al 150). Con el pulgar de su mano derecha hace una cruz sobre la campana con el óleo de los enfermos, mientras reza una oración, en la que evoca las trompetas de Jericó, con las que los patriarcas o reyes judíos convocaban al pueblo contra el enemigo, como bien viene recogido en el libro de los NÚmeros. Llega el momento de la bendición propiamente dicha. Le pone nombre a la campana y enumera las virtudes del material fundido, invocándolas contra los elementos adversos y los diabólicos. Limpia la campana de la cruz hecha, el coro canta mientras él con el óleo de los enfermos hace 7 cruces en el exterior y con el crisma 4 en el interior de la campana, repitiendo 11 veces, una por cada cruz la oración: "Sanctificetur et consecretum, Domine, signum istud. In nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti. In honorem Sancti N. Pax tibi". A esta sigue una nueva oración bendicional y después esparce el incienso por dentro de la campana, se reza el Salmo 76 y se lee el pasaje del Evangelio de San Lucas: Introivit JesÚs in quaddam castellum. Como padrinos de esta ceremonia han actuado los propios jurados de la Ciudad. La bendición se ha realizado, una a una en todas las campanas que estaban por bautizar. Solo queda el traslado a la torre campanario, su ascenso a la sala de campanas y el volteo general. El pueblo por primera vez las va a oír cantar.

La Ciudad ha declarado tres días de fiesta por tan fausto acontecimiento y una serie de actos para divertimento de todo el pueblo. Todo se ha realizado por la mañana, pero la fiesta sigue hasta la caída del Sol y aÚn se prolongará dos días más, aunque todavía pasará mucho tiempo antes de que el hecho deje de ser el principal tema de conversación de los valencianos.

Repasemos la bendición de nuestras campanas. En ella podemos apreciar su parecido con el sacramento del Bautismo: el agua bendecida, el dar nombre a la campana o la asistencia de padrinos, por ello a este acto de la bendición se le ha dado también el nombre de bautismo, aunque realmente poco tiene que ver con él. En el rito visigótico-mozárabe, que probablemente se remonta al siglo V, se recoge un tipo de bendición de las campanas más sencillo, en el que no hay nada que se parezca al bautismo, pues falta el lavado de la campana con el agua y la sal bendecida, la imposición de un nombre y la presencia de padrinos, pero en el fondo, las oraciones ofrecen coincidencia con las descritas.

Desde antiguo la bendición de las campanas que van a ser dedicadas al culto es misión del Obispo, siendo a él al que compite el acto, aunque pueda delegar en un sacerdote, como es al ostiario al que le corresponde su toque.

Menos complicado que el descrito, es el ritual de la bendición de campanas que van a tener un destino fuera de la iglesia.

Campanas con mazo, campanas con badajo. Rotura de las campanas. Sonoridad de las campanas

Existen varias formas de hacer sonar una campana, desde su interior o desde su exterior, repicándola o volteándola.

Hay campanas que las puedes hacer sonar mediante un mazo o martillo que las percute desde fuera. Este es el caso, por ejemplo de la nuestra "El Miquel ", de muchas campanas de relojes, como la del Ayuntamiento de Astorga o el de las grandes campanas orientales. En otras campanas, el mecanismo utilizado para hacerlas sonar es distinto, la sonoridad de la campana se obtiene golpeándolas desde el interior, haciendo chocar contra su cara interna el badajo. Es este una pieza, generalmente de hierro forjado, aÚn cuando para ella se puedan utilizar otros materiales, alargado, piriforme, que cuelga en el interior de la campana y que posee un agujero en su parte superior para, mediante bridas de cuero o de otra naturaleza, sujetarlo al cuerpo de la campana. Esta Última es la forma más comÚn de hacer sonar las campanas. Si la campana es muy pesada se mueve el badajo haciéndolo chocar contra la parte interna de la campana, mientras que si ésta es ligera puede hacérsela sonar también mediante un contrapeso "cebar al vuelo la campana", que de esta forma viene a chocar contra el badajo.

El uso continuado de la campana puede llevar a que ésta se quiebre, lo que ocurre con frecuencia, siendo esta la causa, más frecuente, de su rotura, y no defectos de fundición como se creyó durante mucho tiempo. Por ello, muchas de las antiguas campanas que han llegado hasta nosotros fueron soldadas o refundidas, a veces en varias ocasiones. Este tipo de fracturas viene provocado por la propia resonancia creada por la vibración de la campana, como lo demuestra el hecho de que puedas provocar su rotura, produciéndole un sonido determinado de modo continuo y sostenido. Por ello el corte suele ser sencillo y en muchos casos geométrico. Las irregularidades de las campanas dan lugar a pulsaciones que dependen del sitio donde tiene lugar la percusión. Si estas son grandes o numerosas es otro factor más a sumar a la mayor o menor vida de una campana. Otras causas de rotura de campanas sería las accidentales, como las caídas, provocadas o no, que pudieran alterarlas, muchas de ellas producidas desde lo alto de su sala de campanas, pero la línea de fractura no suele ser en estos casos tan regular, ni afectar a las mismas partes de la campana, siendo en este caso las asas la parte más débil, y no su copa.

El sonido de una campana es, tal vez, la propiedad más valorada de ella. Depende de diferentes factores entre los que se encuentran el lugar donde percute el mazo o el badajo, la distancia a la que de él se tire, la composición química de la campana, (campanas de bronce, campanas de acero), la calidad del bronce con la presencia, o no, en él de otros metales, la presencia de grandes defectos de fundición, el propio tamaño de la campana o la fuerza y rapidez con la que se les haga pulsar.

Las antiguas campanas de iglesia son de bronce. En la actualidad se utiliza también el acero fundido. Se admite por la mayoría, que la mejor sonoridad se obtiene con las campanas de bronce, aunque son más caras y se quiebran con mayor facilidad, pero por contra pueden soldarse o refundirse, con lo que continÚan funcionando. En algunas ocasiones la refundición de una campana grande no se ha debido a roturas, sino a la obtención de nuevo de su bronce, bien para dedicarlo a otros menesteres, bien para obtener el suficiente como para fundir varias campanas más pequeñas. En más de una ocasión, sobre todo de inestabilidad política o tras ella, esto se ha hecho con algunas grandes campanas valencianas. Las campanas de acero, para algunos tienen un sonido menos armónico, no se pueden reparar con la misma facilidad, por lo que una vez rotas no se pueden utilizar para nada, pero por contra son más baratas y su sonido llega más lejos. Parece que si el badajo de estas campanas es de bronce suenan igual que las de cobre, pero para una misma nota, la campana de acero tiene que ser más grande que la de bronce. Estas Últimas, por contra pueden soldarse o refundirse. Actualmente las campanas declaradas BIC (campanas declaradas como bienes muebles que solo pueden soldarse o sustituirse por una réplica, mientras que las campanas interesantes, pero que no se acercan a la declaración anterior pueden fundirse y restituirse), son campanas de bronce, algunas muy antiguas su sonido es más armónico, para muchos, y como hemos dicho son más caras y se quiebran con mayor facilidad.

Las diferentes partes de la campana proporcionan diferentes notas, por ello deben seguir unas determinadas formas y normas para que las notas dadas por cada una de ellas sean armónicas. En experimentos hechos con diferentes campanas de iglesia se comprobó que los sonidos superiores son inarmónicos y diferentes, sin que sigan una regla predeterminada, y que el sonido fundamental se encuentra a veces tres octavas por debajo del dado por los fundidores, siendo este el Único que se oye a gran distancia, por haberse debilitado los demás.

Cada campana tiene su tona musical, así las campanas de la torre del reloj de nuestro Ayuntamiento, de menor a menor son: re- do- la sostenido- fa- re- la sostenido y fa, por lo que combinando su toque se pueden obtener diferentes melodías. Así a las 12 del mediodía las campanas de nuestro Ayuntamiento interpretan las primeras notas de la marcha de la Ciudad.

La distancia a la que llega el sonido de una campana está en relación, no solo con la calidad de su bronce y la perfección de su fundición, sino también con el propio tamaño de la campana. Por ello se pensaba que para que un sonido llegara a un pueblo entre 600 y 1000 habitantes bastaba con una campana de unos 1000 Kilos, mientras que convenía que pesasen unos 5,000 Kilos o más las destinadas a iglesias parroquiales de las grandes ciudades. Tal vez por ello se utilizaron un buen nÚmero de campanas en algunos campanarios de las torres del reloj de los Ayuntamientos y en las Catedrales, ya que no hay demasiadas campanas que pesen más de 5 toneladas. Buen ejemplo de ello lo tenemos, de nuevo en nuestro "El Miquel", que con sus más de 4 toneladas es la campana, en uso, más grande de la Corona de Aragón, y la tercera de España. SegÚn la altura de la copa y los diámetros inferior y superior de la campana, se obtenía la "escala campanera", por la que antiguamente se regían los fundidores para calcular su peso.

No parece que la utilización de plata o de otros materiales preciosos en la composición del bronce de la campana mejore su sonoridad, como antiguamente se creía. No obstante pequeñas cantidades de este se encuentran en algunas campanas como nuestra " El Eloy", de Santa Catalina, hoy en la torre campanario de nuestra Catedral, que contiene una pequeña cantidad de plata, un 4% del precioso metal, cantidad mucho menor a la que se pensaba, y que tiene una buena sonoridad.

Para hacer repicar a una campana hay que tirar de sus cuerdas a una distancia muy corta de la campana, distancia que es mucho mayor cuando lo que queremos es hacerla voltear.

No pocas veces hemos visto integrarse a las campanas como un instrumento más, dentro de un concierto. En Valencia aÚn podemos recordar el célebre concierto que se realizó en recuerdo de Ausiàs March en 1997. en el que se integraron, en un solo conjunto, ocho bandas de mÚsica, los tres niveles de campanas de la Catedral: El Micalet, pulsado eléctricamente, nueve de las 11 campanas de la Sala de Campanas de la torre ( todas menos las "Morlanes", es decir, "La Caterina" y "la Bàrbera") y la " El Eloy" de la Casa del Campaner, estas Últimas tocadas por el gremio de campaneros de la Catedral de Valencia, las campanas de San Martín y el camponomóvil del gremio, ambas tocadas por mÚsicos, tirando del badajo, y algunas campanetas, distribuidas por los balcones de la Plaza de la Reina, lugar donde se dio el concierto, propiedad del campaner Llorenç Barber, alma del proyecto.

La campana como señal. Sus diferentes usos

El uso de grandes campanas en Occidente esta ligado a los orígenes del Cristianismo. Con él, fueron introduciéndose, cada vez más las campanas en la vida del mundo cristiano occidental y aumentando de tamaño al extenderse sus usos, hasta llegar a estar presentes en todo tipo de Derecho, tanto eclesiástico, como civil, siendo fieles compañeras de la casi totalidad de los acontecimientos notables que durante siglos ocurrieron en Occidente.

Durante los primeros tiempos del Cristianismo, marcados por numerosas y crueles persecuciones que dieron infinidad de mártires a la Iglesia, su uso no fue posible, ni aconsejable, a fin de no llamar la atención, valiéndose por ello para convocar a los fieles, no de instrumentos sonoros que podrían detectarse, sino de personas de confianza, medio mucho más seguro, en aquellas circunstancias. Cuando en tiempo de Constantino se firmó la Paz de la Iglesia, permitiéndose la construcción de templos cristianos junto a los paganos, las campanas, poco a poco, vinieron a servir como señales para convocar a los fieles, del mismo modo que el pueblo judío había venido utilizando las trompetas tanto para convocar al pueblo en la lucha contra el enemigo, como en las funciones sagradas, como bien nos lo cuenta el Libro de los NÚmeros y la alusión que a ello se hace en el ritual de la bendición de las campana de iglesia Vendrían a tener la misma misión que tenía la trompeta que utilizaban los monjes cenobitas para llamar a los oficios, o el Aleluya que cantaban las Paulinas, en tiempos de San Jerónimo, en su Monasterio de Belén.

MÚltiples fueron los usos que tuvieron las campanas durante toda la Edad Media, toda la Edad Moderna y gran parte de la Edad Contemporánea, y muchos de ellos fueron grabados en las propias campanas. Buen ejemplo de ello lo tenemos en la campana "La Bàrbera" o "Bárbara" de la torre campanario de nuestra Catedral. Esta campana muestra en su epigrafía la siguiente inscripción, totalmente relacionada con las funciones a las que estaba destinada que dice así: "LAUDO DEUM VERUM. POPULUM VOCO. CONGREGO CLERUM. DEFUNCTUS PLORO. SATAN FUGO. FESTA DECORO". Analicemos cada una de estas funciones.

Laudo Deum Verum
Alabo al Dios verdadero. El sonido de la campana, llegando al cielo nos proporciona un maravillo medio de alabar a Dios, lo que realizamos mediante su volteo, los repiques y los toques artísticos de muchas campanas a la vez, cuya combinación nos proporciona un sonido casi musical. Con este fin de alabanza al Supremo se toca en las procesiones, en los Te Deum, en la Misa en el momento de la consagración, o al comenzar la Misa Cantada, incluso al llevar el Viático a un moribundo o en la Comunión de los impedidos. Fue en el siglo XIII cuando se introdujo la costumbre de tocar una de las campanas grandes de la iglesia en el momento de tocar la campanilla en la Consagración, a fin de que los campesinos supieran que había llegado la hora de ponerse de rodillas para alabar a Dios. La campanilla en la misa también se tocaba en el Sanctus, en el Dominus non sum dignus y en el nobis quoque, aÚn cuando no se tocara en las misas oficiadas por el Papa o los Cardenales. Sería también durante la Edad Media cuando comenzarían a marcarse con toques especiales, y a veces con campanas especiales, los diferentes oficios religiosos, de ahí que se hable por ejemplo de la campana del Sanctus, para designar la campanilla que se toca en esta parte de la misa, de la de Vísperas, para la que se toca en la oración de la tarde, la de Completas para designar la que señala la Última parte del rezo del día, la del Ángelus o del Ave María la que recuerda la oración de la Virgen y que desde la Edad Media se tocaba con tres repiques iguales diarios: el primero a la Aurora, el segundo al mediodía( a las 12, como se viene haciendo en muchas iglesias, incluida nuestra Catedral) y el tercero media hora después de la puesta del Sol. Se llamó corrigiuncula la campana que en los monasterios avisaba de la hora de disciplinarse.
Populum Voco
Llamo al pueblo. Esta misión la cumplen las campanas desde la época merovingia, en la que para poder realizarla fueron adquiriendo las campanas mayor tamaño, hasta que tuvieron que colocarse en las torres-campanarios, con lo que podían oírse en toda la demarcación parroquial. Con ellas se llamaba al pueblo a los actos religiosos y con el tiempo también a su participación en los acontecimientos civiles importantes.
Congrego Clerum
Congrego al clero. A toque de campana se reÚne el clero, principalmente para el rezo de los oficios. Ya en Liber Ordinum visigótico-mozárabe está descrita la presencia de la campana en los oficios de Jueves Santo, que esta no se toca para los maitines del Viernes Santo, si a nona y a las doce del Sábado Santo.
Defunctus ploro
Lloro a los difuntos. El dolor ante la muerte aparece inmenso cuando se acompaña del llanto de las campanas, utilizándose en él, la llamada campana de difuntos. El origen de tan antigua misión la podemos encontrar en los primeros tiempos del monacato, en los que en los monasterios con una campana se avisaba del estado agónico de un monje a la comunidad. Esta costumbre pronto pasó a las parroquias y en ellas, como en los monasterios, el tañer de la campana avisaba al pueblo del estado agónico de un feligrés. Más tarde avisaría no solo de esto, sino también del momento de la muerte, indicando, con el toque, la edad, calidad y sexo del finado. Ya en el siglo XIV se daban dos repiques para una mujer, 3 para un hombre y en gran nÚmero, tantos más cuanto mayor era el rango jerárquico, para un clérigo, y ya en la época visigótico- mozárabe se ordenaba que cuando moría el Obispo, se tocara al punto la campana de la Catedral y las de todas las iglesias en dos millas a la redonda, como también se prescribía que se tocaran las campanas al conducir el cadáver a las puertas de la iglesia. Muchos de estos toques se han mantenido vivos a lo largo de la historia en muchos de nuestros pueblos. En España existían cofradías para el sufragio de los difuntos en las que un campanillero recorría las calles tocando la campanilla, para pedir oraciones por los difuntos, y era costumbre tocar después del Ángelus la campana llamada de Profundis por sus almas.
Satan Fugo
Hago huir a Satanás. Uno de los usos que tuvieron las campanas fue su participación en una antigua forma de exorcismo destinado a amedrentar y hacer huir al Maligno, Un recuerdo de ello nos queda en la bendición de las campanas en la que se enumeran las virtudes del metal fundido, invocándolas contra los elementos adversos y los diabólicos.
Festa Decoro
Honro o realzo la fiesta. Desde la época merovingia el toque combinado de muchas campanas es signo de alegría entre los fieles. Las grandes fiestas se anuncian en su víspera y algunas también en su antevíspera, como sucede en Valencia con la Fiesta de la Mare de Déu dels Desamparats con el repique o el volteo de las campanas, y el grado de importancia de la fiesta lo reconocemos por la forma de tocar y por el nÚmero de campanas que intervienen en los toques, así el día del Corpus Christi es el Único día en el que se realiza un volteo general de las campanas de la Catedral. De igual manera tienen toques especiales las diferentes funciones religiosas que acompañan a las fiestas. Así se tocan en la procesión, a la salida y finalización de esta, para anunciar la Misa Obispal, las Vísperas Solemnes, en el Te Deum...y sus toques litÚrgicos están desde antiguo reglamentados, tanto en la forma, como en su uso. Desde el s. VII viene establecido que no se pueden tocar las campanas desde el Gloria de Jueves Santo, a cuya entonación acompañan, pulsándose con vehemencia, hasta el Sábado de Gloria, siendo reemplazados en estos días por una matraca. En otras ocasiones encontramos en la campana la expresión sabbata pango, que nos dice que la campana celebra con cantos los sábados.

No solo son estos usos, recogidos en nuestra campana "La Bàrbera", las Únicas señales que mandan las campanas. El Nimbum Fugo, que aparece en la epigrafía de algunas campanas nos indica que con su toque se avisa a la población de la eminencia de una tormenta, práctica ésta frecuente en las parroquias rurales, que se realiza mediante un toque especial que en algunos pueblos recibe el nombre de "tentenublao".Con el mismo significado encontramos el Dissipo ventos (disipo las tempestades) y el Fulmina Frango (quebranto los rayos). Para esta función de poner en guardia a los vecinos ante la eminencia de una catástrofe natural o de un ataque a su población, se utilizaba la campana de rebato o la de somatén, segÚn la naturaleza del peligro, con sus toques especiales. En otras ocasiones las propias campanas nos hacen referencia al pueblo judío, protegiéndonos de él. El Excito lentos de algunas campanas nos habla de su función de excitar a los lentos y el Paco cruentos la de apaciguar las disputas sangrientas.

La campana se ha usado y aÚn se usa, con otros muchos fines, aparte de los descritos. Como indicadora del tiempo, marcando las horas o los cuartos y las horas. Esta misión es la que desde siglos vienen realizando los relojes pÚblicos de la Ciudad y de las campanas de los relojes de algunas torres campanarios de iglesia. Esta es la misión de "El Miguel" y de la campana de los cuartos del Miguelete. En cuanto a "El Miguel", vale la pena recordar aquí que por una concordia entre el Ayuntamiento y el Cabildo Catedral de 1418, no se podía usar la gran campana en los actos religiosos, de ahí que se la conociera como "Campana de las horas". Ambas campanas, la de las horas y la de los cuartos, colocadas en la espadaña de la torre-campanario de nuestra Catedral, pertenecen a la Ciudad, es decir, a su Ayuntamiento, siendo este el responsable de su conservación y funcionamiento.

AÚn cuando la campana nunca ha sido instrumento bélico, sin embargo ha servido durante mucho tiempo para algunos usos militares, tanto en la paz, como en la guerra. A su son se llamaba a las armas a la población ante la posibilidad de un ataque exterior, siendo reminiscencia de aquella costumbre los toques de Rebato y somatén, o se comunicaba el estado de alerta de una plaza por los centinelas.

En los buques a son de una campana comunicas tu presencia en caso de niebla u otras circunstancias adversas, avisas del momento de efectuarse los relevos en los distintos servicios del barco, llamas la atención de otros navegantes o avisas de un peligro inminente.

El sonido de las campanas acompaña también muchos de los actos de nuestra vida cotidiana. Se ha utilizado, y aÚn se utiliza en algunas fábricas y en las escuelas, para marcar la hora de entrada y salida, misión semejante a la que tenían los tintinnabula romanos, en las reuniones de trabajo y en la Audiencia, para abrirlas, levantarlas o poner orden. Todos hemos conocido la campana de las estaciones de trenes para indicarnos la llegada o salida de estos, las de los muelles, con el mismo fin de aviso, la de las cárceles...etc., siempre indicando una entrada o salida o una determinada situación. También en las casas ha sido habitual el uso de campanillas para llamar al servicio o a la mesa. Antiguamente se tocaba la "campanilla de los pobres pecadores", generalmente situada en la Casa de la Ciudad (Ayuntamiento) para anunciar al pueblo la ejecución de un criminal.

Revueltas, pronunciamientos, matanzas (como la célebre sucedida en la Pascua de 1282 en la que al toque de las Vísperas Sicilianas fueron asesinados 8.000 franceses), o rescates, a lo largo de la historia se han visto precedidas por el aviso de las campanas. Buen ejemplo lo tenemos en la celebre campana de Philadelphia, signo de la independencia de los Estados Unidos. Y con campanas recibimos al Nuevo Año.

Cualquier importante acontecimiento, tanto eclesiástico, como civil o militar, durante siglos, como hemos visto, ha ido acompañado del sonido de las campanas. La visita a una iglesia parroquial del Obispo de un príncipe secular, se acompaña, en el momento de la entrada de estos a la iglesia, de un repique de campanas. Tocaban estas, en lo antiguo, en la toma de posesión de sus territorios por los señores feudales y se cuenta, que los Condes de Flandes, tras tomar el juramento de vasallaje a sus sÚbditos, tocaban por tres veces las campanas de la iglesia parroquial en señal de respeto a sus fueros. La visita de un Rey a una población se acompañaba del volteo general de todas las campanas. Si se trataba de la Coronación de un nuevo monarca volteaban todas las del Reino. En Valencia se conocen volteos generales de todas las campanas de sus campanarios, ante la entrada en nuestra Ciudad de sus monarcas durante la Edad Media, y al menos, posteriormente, en dos ocasiones, en el día de la Proclamación, en Valencia, como Rey de Luis I, hijo de Felipe V, y en la visita que hiciera a Valencia Alfonso XIII. En esta ocasión el aviso de arribada de su barco en el Grao de Valencia fue dado por el campanario de San Valero, al de la Catedral, para que este coordinara el de todas las campanas de la Ciudad. Con carácter universal voltean las campanas en la elección del Papa y doblan a muerto, en todo el orbe católico, cuando éste muere.

Hoy, el uso de las campanas se ha limitado muchísimo, ya no marcan tanto nuestra vida, pero cuando las oímos no podemos dejar de recordar todo el magnífico significado que han tenido a lo largo de la historia.

Del por qué tuvo que reglamentarse la dependencia y usos de las campanas

Toda una serie de disposiciones se irían incorporando, tanto al Derecho Canónico, como al Civil a fin de, poco a poco, reglamentar el uso, custodia y propiedad de las campanas. El nacimiento de este Derecho, sobre las campanas, sería la consecuencia lógica de su propio uso, ya que las grandes campanas de iglesia medievales irían destinadas fundamentalmente a las catedrales y parroquias y su sonido llegaría muy lejos, traspasando en algunas ocasiones la propia demarcación de la institución a la que iban destinadas. Su sonido, no solo serviría para convocar al pueblo a los oficios religiosos, sino que también tendrían desde el principio el cometido de defender los derechos ciudadanos. Por ello, frecuentemente, la campana principal de la Catedral, pertenecía al comÚn, es decir, al Ayuntamiento, mientras que las demás eran propiedad del Cabildo Catedralicio. Esto, como hemos dicho, sucedió también en Valencia, cuya campana mayor del campanario de la Catedral, y que da nombre a la torres, es propiedad de la Ciudad, junto con la más pequeña de los cuartos, mientras que las campanas de la Sala de Campanas, son propiedad de la Catedral.

Existe una disposición canónica que reglamenta el nÚmero de campanas que deben tener las distintas instituciones religiosas, en la que se dicta que las catedrales tengan cinco o más campanas. He aquí un nÚmero mínimo de campanas para ellas, ninguna pues, tendría menos. Una parroquia debía tener dos o tres, mientras que las iglesias de las órdenes mendicantes y los oratorios particulares, tendrían una. Esta disposición tenía que referirse al nÚmero mínimo de campanas que debían tener estas instituciones, ya que como sucediera en las mezquitas con los alminares o minaretes, uno al menos en ellas, marcaban con su nÚmero la importancia de estas. De la misma forma por el nÚmero de campanas se marcaba la importancia de las iglesias. Con el tiempo no pocas serían las parroquias que sobrepasarían no solo este nÚmero de dos o tres, sino también el de cinco o más, nÚmero, por otra parte, segÚn esta disposición destinada a las catedrales. Posiblemente lo que con ello se custodiaba era el que las catedrales, fueran las iglesias que mantuvieran siempre el mayor nÚmero de campanas dentro de su diócesis, como edificio de mayor rango.

Con el tiempo se regularía y preservaría su uso, evitando de este modo que las campanas de iglesia fueran destinadas a usos ajenos a los fines religiosos. Tres concilios en el siglo XVI, los de Bourges en 1584, Aix en 1585 y Tolosa en 1590, prohibían utilizar las campanas de los edificios religiosos para otros fines, pero en el propio siglo XVI, la Congregación de Obispos y Regulares ya dispensaba de esta norma en casos de pÚblica utilidad, aÚn cuando se especificaba que no podían tocarse estas para reunir a la gente en asamblea y sobre todo en las ejecuciones, lo que nos hace sospechar que al menos en algÚn caso se utilizaron las campanas de iglesia para estos fines. Por Derecho ComÚn quedaba prohibido el toque de campanas en la guerra y en los levantamientos. Tampoco podían tocarse para servicio de otro culto, distinto al católico, salvo en casos de clara reconciliación de esa confesión con la católica.

Por un principio de Derecho Canónico, el cuidado de las campanas quedaba, en absoluto, a cargo del clero. En las catedrales su responsable es el sacristán, aÚn cuando en rigor sus toques son responsabilidad del ordenado ostiario, aÚn cuando estos menesteres desde bien pronto estuvieran en manos del gremio de campaneros.

La consagración, bendición o mal llamado bautizo de las campanas para el culto es atribución del Arzobispo, pudiendo delegar en un presbítero. De ahí, en parte, que fuera un hecho excepcional, y a lo largo del tiempo, motivo de fiesta para el pueblo, como bien recogido esta en muchas de las campanas de nuestros campanarios parroquiales. Recojamos por ejemplo la de las campanas de la parroquia de la Santa Cruz en el siglo XVII. Se cuenta que el 23 de Enero de 1681, aniversario del nacimiento de San Vicente Ferrer, se colocaban en la Santa Cruz dos campanas, la mayor y la pequeña, pues las otras dos ya lo estaban, sonando por primera vez al día siguiente. Para celebrar la finalización del campanario y la colocación de las nuevas campanas se quemó en este un castillo de fuegos artificiales y se corrieron toros por las calles.

A lo largo de la historia no fueron pocas las veces que se presentaron conflictos entre párrocos y alcaldes de los pueblos con motivo de la facultad de tocar las campanas, lo que llevó a una serie de normas, recogidas en el Derecho Civil, encaminadas a terminar con estos conflictos. El diccionario Espasa recoge las siguientes:

1º Las campanas son propiedad de las iglesias, cualquiera que sean sus donadores, si han recibido la bendición o consagración episcopal, pues por ella se convierten en "cosa eclesiástica".

2º Debe respetarse la antigua costumbre española de tocar las campanas en caso de incendio, somatén y otros. He aquí algunas de las utilizaciones que tuvo el toque de campanas en nuestra tierra.

3º En casos no previstos debe solicitarse permiso del Obispo, y si es cosa urgente, del párroco, por el Alcalde.

4º En casos de tempestad no deben tocarse sino para los sagrados oficios, y aÚn para éstos no a vuelo, pudiendo prohibir lo contrario los alcaldes en los momentos de la tempestad, como medida de seguridad (Sentencia del Tribunal Supremo de 6 de marzo de 1905)

5º En caso de epidemia de cólera morbo, u otra semejante, se aconseja economizar mucho el uso de las campanas para indicar las defunciones y entierros (Instrucción de 21 de octubre de 1905).

He aquí una serie de normas que vienen a corroborar la gran importancia que tuvo para la sociedad el uso de las grandes campanas y los conflictos que este uso llegó a plantear no hace demasiado tiempo, cuando las campanas llevaban ya más de 1000 años acompañando al mundo occidental.

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
Valencia (2003)

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