GONZÁLEZ GUDINO, María Ángeles - Campanas de siempre - Recuerdos de todos

Campanas de siempre

Recuerdos de todos

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
Valencia (2003)

En busca de nuestras antiguas campanas

Con la Conquista de Valencia, por Jaime I, de nuevo volvía a nuestra tierra el uso de campanas, y llegaba en una época en la que estas ya habían aumentado de tamaño y se colocaban sobre campanarios. Comenzaría así a construirse estos, unos serían de nueva planta, pero otros tal vez no fueran más que un aprovechamiento de aquellos minaretes de las Mezquitas desde los que se llamaba a la oración durante el dominio de la Media Luna. Y estos campanarios se construirían muy especialmente acompañando a nuestra Catedral y a las nuevas parroquias establecidas, siendo tal vez las espadañas las que predominaran en nuestras ermitas y conventos.

También con la conquista se procedería a establecer nuevas unidades administrativas, que estarían hasta bien entrado el siglo XVIII ligadas a nuestros antiguos distritos parroquiales, pues sería en este siglo en el que el casco urbano de Valencia se dividía, al margen de las parroquias, en cuatro cuarteles y 26 barrios. Poco había cambiado, en 500 años, la división parroquial desde que se establecieran las primeras demarcaciones parroquiales, ligadas a nuestras parroquias de la Reconquista, habida cuenta del tiempo transcurrido.

Jaime I, aÚn antes de conquistada la Ciudad de Valencia había hecho pÚblica promesa de restituir su Catedral y dotarla, tanto a ella, como a las iglesias que se establecieran. Tras la conquista comenzaron a construirse algunas ermitas fundando con ellas y con las mezquitas existentes previamente purificadas, iglesias y parroquias. A ello se uniría la aparición en nuestra tierra de los primeros conventos, la mayoría de ellos fuera de muros. Intramuros de la Ciudad árabe existía ya la iglesia del Santo Sepulcro, dejada como culto a los rabatines (cristianos que vivían en Valencia) y fuera de muros durante gran parte de la dominación musulmana se mantuvo el culto cristiano en la Roqueta. Estos dos lugares eran prácticamente los Únicos en los que se permitía el culto cristiano.

Con Jaime I vinieron a la conquista de Valencia diferentes órdenes religiosas, tanto militares como mendicantes. A todas ellas Jaime I había prometido terrenos para realizar sus fundaciones. La Orden del Santo Sepulcro se encontraba establecida en la iglesia de los rabatines, que más tarde cambiaría el nombre del Santo Sepulcro, por el de San Bartolomé. Mientras las órdenes militares se establecían, al menos mayoritariamente intramuros de la Ciudad, las mendicantes lo hacían extramuros construyendo un cinturón de conventos que rodeaba la Ciudad.

El Temple
El privilegio de donación que Jaime I daba a la Orden del Temple decía que se les otorgaba “aquella gran torre que está junto a la puerta de Bab-el-azachar, con su muro y barbacana con todas las casas que están contiguas al muro y al río y desde aquí a la mezquita y las torres que están en el muro”. Aquella torre fue la misma en la que Jaime I viera ondear su bandera, en la toma de Valencia, y son los terrenos que hoy ocupa el Temple con su iglesia. Tras la desaparición de la orden a principios del Siglo XIV todos los bienes de los templarios pasaban a la Orden genuinamente valenciana, de Montesa, y en el edificio del Temple tuvo su residencia el Gran Maestre de la recién creada Orden.
San Juan del Hospital
Los hospitalarios de San Juan, fue una de las órdenes militares mejor tratadas por Jaime I a los que les concedió intramuros de la Ciudad una mezquita y sus terrenos próximos, donde fundaron hospital e iglesia, el más antiguo de los hospitales dentro de la Ciudad. Su iglesia fue una de las que primero se abrió al culto y se dice que a ella acudía Jaime I a oír misa. Nunca fue iglesia parroquial. También acudieron a la conquista y se les dio terrenos donde establecerse las órdenes de Santiago, de Calatrava, de San Jorge de Alfama y de Alcántara.
San Jaime de Uclés
Se dice que entre las órdenes que concurrieron a la conquista de Valencia fue la de los caballeros de Santiago la primera de ellas y a ellos donó Jaime I terrenos para que construyeran iglesia y casa, cerca de la puerta del Cid, al muro de la puerta de la Trinidad, muy cerca del Temple. Aquella casa e iglesia recibió el nombre de San Jaime de Uclés y durante muchos siglos se mantuvo en el mismo lugar de su fundación.
Calatrava
A la de Calatrava les dio el mismo lugar que ocuparan hasta el siglo XIX, en el espacio que había entre San Bartolomé y San Nicolás, en territorio de esta parroquia, en la futura calle de su nombre. Era la segunda casa, segÚn la antigüedad de estas, de las órdenes militares de Valencia, aÚn cuando unos versos del P. Isla, recogidos por Cruilles, la sitÚan la primera:
“Calatrava logró ser la primera
Siguiese de Santiago la venera;
Y Alcántara al instante
Nació a turbar la gloria del turbante”.
San Jorge de Alfama
A la Orden de San Jorge de Alfama hay quien piensa que se les donó una mezquita, próxima a la puerta del Sol, que sería iglesia de San Jorge y posteriormente parroquia del Salvador, pero no hay datos fidedignos de que lo atestigüen, más bien hay quien cree que sería en algunas posesiones de la parroquia de San Andrés donde se alojó su pequeña residencia y que esta orden, por su pobreza no dispondría de iglesia propia en Valencia hasta 1324, en que consiguieron ocupar la capilla de San Jorge en una de las primeras iglesias de la Ciudad.
El Císter y la Merced
Dentro de las órdenes mendicantes que concurrieron a la conquista, la del Cister obtendría terrenos en otros lugares del Reino, mientras que los Mercedarios, orden fundada por San Pedro Nolasco, primero con carácter militar, Real y Militar Orden de Nuestra Señera de la Merced, y más tarde mendicante, Jaime I daba a su fundador, una mezquita extramuros de la Ciudad, junto a la puerta de la Boatella, en la que establecieron la iglesia y convento de la Merced, muy cerca de donde vino a establecerse el gremio de carpinteros. Este convento de mercedarios fue de los suprimidos. Siendo demolido en 1840 con su iglesia y su campanario, pasando su capilla de San Juan de Letrán y el sepulcro de Guimerán al Museo de Bellas Artes. Era de piedra y ladrillo construido por el llamado Maestro de la Merced. Su campanario albergaba, antes de derrocarse, cuatro campanas, “Pedro”, por el mercedario Pedro Armengol, “Bárbara” o la “Monja”, por la que lo fue de la Zaidía, “María de las Mercedes”, por su Virgen titular y “Ramón, por San Ramón. En su iglesia tenían capilla propia los médicos, dedicada a sus patronos San Cosme y San Damián. Sobre sus terrenos se fabricaron casas.
Predicadores
De la Orden de Predicadores o dominicos era Fray Miguel Fabra, confesor del Rey, al que acompañó en la conquista. Tras ella Jaime I daba habitación, a su confesor y a los religiosos dominicos que le acompañaban, en un palacio del rey moro, en la alcazaba, donde estuvieron muy poco tiempo pues en abril de 1239 les concedía el Rey unos terrenos, lindantes con el río, extramuros de la Ciudad, para construir iglesia y convento, en el sitio que actualmente ocupan, en la plaza de Tetuán.
Franciscanos
Los Franciscanos vinieron a recibir lo que fuera palacio o casa de recreo, del Rey Abu- Zeit, en las afueras de la Boatella, extramuros de la Ciudad, en parte del lugar ocupado por la actual plaza del Ayuntamiento. Se cuenta que sería en el patio de aquel palacio donde sufrieran martirio en presencia de este Rey los franciscanos San Juan de Perugia y San Pedro de Saxoferrato y que antes de morir le profetizarían que se haría cristiano y tomaría el nombre de Vicente. Con el tiempo el convento de Franciscanos llegó a ser uno de los importantes de Valencia. Poseía un precioso campanario todo de piedra de sillería con dos cuerpos, el primero rematado por balaustra y el segundo, más estrecho, con 12 huecos estrechos, seis arqueados y seis rectangulares, rematados por cÚpula de rejas blancas y azules y como veleta el escudo franciscano de las cinco llagas. Su sala de campanas poseía dos grandes campanas, la “María Ángela”, en recuerdo de la PorciÚncula de la Orden Franciscana y la “Fernando”, en recuerdo de Fernando VII que en 1824 les había donado el metal para las nuevas campanas, pues si bien en 1812 los franceses no las vendieron, en 1822 los liberales las habían fundido. Este convento fue de los desamortizados, terminando por derribarse y en parte de lo que fueron sus terrenos se construyó la Plaza del Ayuntamiento. Nada nos queda de él.
Agustinos
Los Agustinos se establecieron durante unos años, tras la conquista, en una casa próxima a la Roqueta, pasando posteriormente a fundar convento en los terrenos contiguos a una ermita edificada en los primeros años de la conquista, dedicada a San Pantaleón y Santa Ana en 1250. Del gran complejo que llegó a formar el convento de San Agustín con su iglesia, solo nos queda esta Última. En él se veneraba la milagrosa imagen de la Virgen de Gracia, de la que más tarde hablaremos, dada a esta comunidad, precioso icono bizantino desaparecido durante la Guerra Civil.

Otras órdenes religiosas

En los primeros años de la Conquista vinieron a asentarse en Valencia otras órdenes religiosas como los carmelitas y trinitarios, las clarisas, dominicas o religiosas de la Orden del Cister, y a todas ellas se les dio terrenos y fundaron conventos. Como entre las más antiguas Cofradías se encuentra la de San Jaime, fundada por el propio Conquistador.

El Carmen
La Orden del Carmen llegaba a nuestra tierra en 1280 y a ella se le hizo donación de una casa y huerto en el barrio de Goteros, para fundar Convento e Iglesia, con el tiempo se fue ampliando la antigua fundación. Este convento fue de los que se suprimieron en 1836 y su iglesia transformada en parroquia de la Santa Cruz cuando esta desapareció. La antigua campana mayor de esta Iglesia se llamaba Elías y la otra, algo menor María y se cuenta que debajo de ella se halló enterrada la “Moreneta del Carmen”. Esta campana que solía tañerse para recomendar a Dios a las parturientas, se quebró hace años. Estas campanas fueron vendidas cuando se suprimieron los conventos en 1835, por lo que su juego de campanas repuesto al convertirse en parroquia, antes de la guerra civil, procedía de las de la Santa Cruz.
Los Trinitarios
Los Trinitarios vinieron a establecerse en el lugar que fuera donado por Jaime I a D. Guillermo Escribá, y dado en testamento por su segundo hijo para que allí se fundase capilla y un hospicio con el título de Sant Guillem. Por la muerte prematura de este fue el propio Guillermo Escriba el que la fundo en un huerto de aquel situado a orillas del TÚria, frente a Valencia, en el mismo lugar donde se piensa descabalgó el Rey D. Jaime y llorando y dando gracias a Dios besó la tierra, al ver ondear su enseña en la torre que sería del Temple. En 1250 llegaban al hospital de San Guillem los religiosos de la Orden de la Santísima Trinidad. Aquel primer convento sería demolido en la guerra de los dos Pedros y reconstruido después en 1371. En 1444 el Santo Padre suprimía del hospicio a los trinitarios y a petición de la Reina Doña María pasaba a las manos de las religiosas de Santa Clara de Gandia, comenzándose al año siguiente el monasterio con su iglesia que podemos ver en la actualidad. Su primera Abadesa fue Sor Isabel de Villena. Doña María por disposición propia fue enterrada en este Monasterio.
Monasterio de “Gratia Dei”
En lo que es el llano de la Zaidía, no lejos del Palacio Real, en la misma margen del río, existió una casa de placer con jardín árabe que D. Jaime entregaba a su amante y madre de su hijo natural D. Jaime de Jérica, Doña Teresa Gil de Ridaura, a la que había prometido matrimonio. En aquel lugar fundaba dicha señora, tercera esposa del Rey D. Jaime, como así consta en su testamento, en 1265, un suntuoso monasterio de monjas del Cister titulado de “Gratia Dei” o monasterio de la Zaidía. Muerto D. Jaime, en aquel monasterio tomó el hábito Doña Teresa, en él vivió, murió y fue enterrada. Las religiosas de aquella casa gozaron hasta el siglo XVI del extraño privilegio de poder salir del monasterio hasta la orilla del mar, sin entrar en poblado alguno. Demolido en 1809, por los mismos motivos que su contiguo Palacio Real, las religiosas se llevaron los restos de Doña Teresa y su familia que en él reposaban. Tras la guerra de la independencia en parte se reconstruyó, para desaparecer más adelante.
Puridad
En 1239 hacía D. Jaime entrega de un ermitorio contiguo a uno de los palacios de los reyes moros situado extramuros de la Ciudad, en la parte del Tossal a D. Ximen Pérez de Arenós, con el encargo de que ampliase la ermita para convento de religiosas de Santa Clara, bajo el patronato de Santa Isabel. Ya en 1250 el Obispo, D. Andrés de Albalat les donaba a las religiosas una espina de la Corona de Cristo y un trozo del Lignum Crucis. Con el tiempo aquel convento de clarisas, conocido como Convento de Santa Isabel o de la Puridad, se convirtió en uno de los más importantes y grandes de Valencia y entre los muchos privilegios de que gozaron se encontraba el de que la Abadesa pudiera indultar una vez al año a un reo de la pena capital, que no fuera reo de traición al Rey o a la patria. Este importante e histórico convento fue de los desamortizados en 1836, siendo derribado, y su solar convertido en calles y casas, y trasladadas sus monjas, primero al convento de la Trinidad, pasando más tarde a lo que fuera la casa y capilla de la antiquísima Cofradía de San Jaime, donde actualmente se encuentran, situada al lado del Palacio de la Scala. De aquel convento se dice que era notable por su bella arquitectura mudéjar y la extensión de sus claustros.
Magdalenas
Cerca del convento de La Merced, también al poco de la conquista, se construía una casa para los hermanos de la penitencia de Jesucristo, pero al ser suprimidos en 1274, a instancias de Jaime I se les daba a las monjas dominicas, sirviendo al parecer, al principio para recoger a las mujeres pÚblicas, por lo que recibió el nombre de Convento de Las Magdalenas. Jaime Roig atribuyó el origen de este monasterio a un novelesco hecho: una condesa extranjera, de licenciosa vida, abandonó su casa y vino a convertirse en vendedora de pescado de la Ciudad de Valencia. Su esposo al fin dio con ella. Teniendo conocimiento el Rey ordenó que fuera mandó se la encerrase en la torre del mercado, fuera emparedada y se le diera a comer pan por onzas. El marido ante tal castigo suplicó al Rey que junto a aquella torre le permitiese edificar una casa a Santa María Magdalena, abogada de los penitentes, para que en ella pudiera hacer penitencia su mujer y dice que el Rey destinó a este fin la casa de los hermanos de la penitencia. Tanto la puerta de la iglesia, como la de este convento daban a la plaza del mercado. El convento de las monjas de Santa María Magdalena poseía un campanario de planta cuadrangular, alto y estrecho con dos campanas y por remate aspilleras. Cuando en 1840 se derribó este convento y sobre su terreno se construyó el mercado pÚblico y la pescadería, en aquel año las pescadoras no quisieron entrar en él por considerarlo lugar sagrado y establecieron la pescadería frente a la Real Aduana, hoy Palacio de Justicia, cerca de la Puerta del Mar.
Antoninos
Al parecer fue en una casa de la calle San Vicente, extramuros donde en un principio se estableció la Orden de los Antoninos de San Antonio Abad y en ella se piensa pudieron tener ermita y hospital, pues el privilegio para comprar bienes lo poseían desde el 1290, pero lo cierto es que ya en 1333 se habían establecido en la partida de Orriols, en las afueras de la calle de Murviedro o Sagunto donde fundaron Iglesia y Hospital. Suprimida la Orden en España en 1791, el Hospital pasaba al hospital General primero y a los dominicos de San Onofre después, mientras la iglesia, tras la supresión de los conventos se dejaba para el culto del pueblo de Orriols.
San Julián
En la calle de Murviedro existió también desde los tiempos de la conquista la capilla de San Julián al que fueron trasladadas en 1420 las religiosas Agustinas del convento de Santa Celestina, fundado en 1308.
El Socorro
Sobre los escombros del convento de Santa Celestina se fundaba a principios del siglo XVI, en 1501, el del Socorro, de padres agustinos. Su fundación está rodeada de una extraordinaria leyenda. Se cuenta que de regreso de las Guerras de Sicilia, bajo las órdenes del Gran Capitán, el barco en el que regresaba el valenciano Juan de Exarch se vio envuelto en una intensa tormenta, que lo hizo peligrar, por lo que encomendándose a Dios prometió entrar en la Orden de los Agustinos y fundar un convento bajo la advocación de nuestra Señora del Socorro, si salía con vida. Cuando arribo a las costas de Alicante se dirigió a los agustinos de esta Ciudad tomando su hábito y pasando posteriormente a Roma a fin de proceder a la nueva fundación y buscar un artista que le pintase una copia correcta de la imagen de Palermo, no encontrándolo. Desilusionado paseaba por unos jardines de aquella ciudad cuando se le apareció la virgen entregándole la pintura, diciéndole que la cogiera, se la llevara, y fundara el convento ofrecido y ella sería el Socorro de Valencia, como así se hizo. El Convento del Socorro, hoy desaparecido, tenía un bonito campanario con dos campanas “Tomás de Villanueva” en honor del agustino , Arzobispo de Valencia, Santo Tomás de Villanueva, que se hospedó en este convento a su venida a esta capital, costumbre que guardaron sus sucesores para hacer la entrada solemne en la Ciudad, convento que visitaba con frecuencia y en el que fue enterrado y tenía su sepulcro hasta 1836, reposando hoy sus restos en la Catedral, y “María del Socorro”, su titular.
El Remedio
En las afueras de la puerta del mar existió desde antiguo una ermita dedicada a San Miguel, bien en esta o en otra próxima titulada primero de nuestra Sra. de la Piedad y más tarde, a raíz de la peste de 1248 del Remedio, se fundaba a principios del siglo XVI, fuera de muros, al otro lado de la puerta del mar, el convento del Remedio de Trinitarios. Hijo de este convento fue el Padre Miñana, seguidor de la “Historia de España” del Padre Mariana. En esta iglesia se celebraba el “porrat” en honor de San Blas, cuya imagen se guardaba en este convento, y que cuando fue derribado pasaba a la iglesia de San Valero. El Remedio se demolía en 1840, aunque había sufrido ya mucho con anterioridad, entre 1820 a 1823. Su campanario de un solo cuerpo sin remate tenía tres campanas: la “Trinitarias”, aludiendo a la Orden de la Trinidad, la “Blas”, aludiendo a San Blas, que como hemos dicho en esta iglesia tenía su capilla y en ella se celebraba su fiesta y el porrat de la “coqueta”, y “María del Remedio”, la Titular protectora de éste convento.
Santa Tecla
De uno de los que fuera uno de los conventos más antiguos y emblemáticos de Valencia, el convento de Santa Tecla, nada hablan ni las crónicas del Cid, ni las de Jaime I, tal vez porque los musulmanes destinaron este espacio a barrio judío, a los que ya los árabes hacían vivir separados en las ciudades y con Jaime I este territorio quedaba limítrofe con la Judería en la que los judíos ya tenían sinagoga. Es posible que en este lugar existiese la alhóndiga pues Sales dice que Jaime I dio la Alhóndigas a los clérigos de Tarragona en 1238 y ese año edificaron la iglesia de Santa Tecla y un hospicio junto a ella. En 1343 el Consejo General de la Ciudad, la designa para hacer estación en ella la procesión de San Vicente. En su espacio, situado ya intramuros de la ciudad romana, al comienzo de la calle del mar, se cree existió el tribunal romano o Pretorio, donde fueran juzgados San Vicente Mártir y San Valero, conservándose intacta, hasta mediados del siglo XVIII, una escalera por la que se cree que subieron a oír su sentencia los dos Santos, que se adornaba con flores y luces en el aniversario de San Vicente Mártir y de la que a partir de entones solo quedaban ocho escaleras, pues el resto se quitaron cuando tuvo que trasladarse la portería. Cuando la revolución de 1868 expulsaba a religiosas de su edificio y demolían este, las gentes con martillos y piquetas arrancaban las piedras de estas gradas llevándoselas como reliquia. En el interior del desaparecido convento existía una cárcel, o torre, de época romana de las que eran a modo de pozos con entrada desde arriba, por la que se descolgaba a los presos, donde se cree sufrió martirio nuestro Santo Mártir, invocado como Patrono desde los primeros tiempos de la conquista, formando parte de la iglesia, en la que subsistían las paredes de piedra en su primitivo estado, en la que se hicieron dos aberturas que comunicaban con la iglesia, una dejaba ver el calabozo, en cuyo interior se colocó una estatua de mármol de San Vicente, la otra, lateral, daba entrada a la torre. En una casa, al lado de Santa Tecla, nacía en 1520 el Beato Nicolás Factor, que sería absorbida en la iglesia al prolongarse esta y hacerse la capilla de la Comunión. Los monjes de Tarragona cedían el convento a las monjas agustinas del convento de San José, que más tarde fue de la Corona, en 1562, que vinieron a asentar en él, trayendo consigo la imagen del Cristo del Rescate y en él se veneraba otro crucifijo del que se dice respondió a la petición de San Vicente Ferrer, de que le enseñara el camino y la senda de perfección, inclinándole la cabeza. Se cuenta que encontrándose San Vicente Ferrer predicando en esta iglesia en 1410 sucedió el desposorio místico de la venerable Inés Pedrós de Moncada. Un nicho colocado en el exterior de la iglesia contenía una cruz que se creía colocada por este mismo Santo en recuerdo de la conversión de los judíos.

Ya en el primer siglo de la conquista quedaba de esta forma Valencia rodeada extramuros de un cinturón de conventos: al norte se encontraban los Carmelitas a una orilla del TÚria y los monasterios de la Zaidía y de la Trinidad en la orilla opuesta, al Sur se encontraban los Franciscanos, Agustinos y la Roqueta, reconstruida por Jaime I, fundando hospital próximo a ella, al este los Predicadores y los Templarios y al Oeste los monasterio de la Merced, Santa María Magdalena y la Puridad. Todos ellos a excepción de la Roqueta, Zaidía y Trinidad, serían englobados dentro de las nuevas murallas que se construían en 1356

María Ángeles GONZÁLEZ GUDINO
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