NÚÑEZ PEÑAFLOR, Marlem - El simbolismo del toque de las campanas: introducción histórica

1. Primera llamada: aviso histórico

1.1 Sobre su construcción

La campana actualmente es definida como un instrumento en forma de copa que suena herido por el badajo utilizado, principalmente, en los templos para convocar a los fieles.

La Enciclopedia Universal Ilustrada señala que las campanas se han hecho de diversas formas: la cilíndrica alargada, la cuadrangular, la de disposición mitriforme y, la graciosa de encorvamiento hacia el interior en la mitad de la campana, la cual posee una especie de boca de trompeta y que, además, no aparece bien definida antes del siglo XVI.

Las campanas de bronce están formadas por una aleación 78% de cobre y 22% de estaño, entrando en muy pocas ocasiones el zinc y el plomo, los cuales deben eliminarse siempre que sea posible. La presencia de otros metales en la aleación del cobre y el estaño es perjudicial, debido a que puede alterar el sonido de las campanas.

En época muy remota, las campanas se fundían en monasterios escoceses o irlandeses, o bien hacia el siglo VIII muchas de ellas se fundían en el monasterio de San Grall (el monje Tancho). En la época carlovingia estos centros se ocuparon en la fundición de las campanas al lado de los conventos fundidores laicos. Durante los siglos X, XI y XII -en este Último las campanas eran producidas por los fundidores de bronce y de cobre- los monasterios de Tegemsee, Salzburgo, etc., fueron centros de fundición reconocidos; sin embargo, la mayor producción de esta industria alcanzó su apogeo en los siglos XV y XVI (Enciclopedia Universal Ilustrada, 1979: 1205).

De acuerdo a la Enciclopedia Universal Ilustrada, el procedimiento más comÚn empleado en los monasterios antes mencionados era el siguiente: primero se construía un horno destinado a fundir el bronce y cerca de su emplazamiento se abría en el suelo un hueco en forma cilíndrica cuya altura fuera superior a la de la campana. Luego se procedía a formar el alma del molde o nÚcleo. Esta pieza es la que en su superficie exterior ha de ser igual a la interior de la campana. Para formarla disponían un zócalo horizontal agujereado sobre el cual armaban el alma del molde con ladrillos ligados con tierra de albañil. Para mayor facilidad en las construcciones, se montaba sobre el zócalo un árbol vertical giratorio, y mediante calibre meridianos, cortados sobre plancha, se comprobaba la forma. Una vez formado un armazón de ladrillo, cuya forma exterior era algo más reducida que la interior de la campana, se introducía leña o carbón que al quemar daba consistencia al armazón ya construido. Antes de quemar la leña debía retirarse del zócalo el árbol vertical. La armazón descrita se cubre de fina tierra arcillosa que se endurezca al fuego, quedando consistente y lisa; generalmente se mezcla la tierra arcillosa con el estiércol de caballo, y se deja fermentar. Una vez hecho esto, se extendía sobre el armazón con pincel y a mano formando una capa que alisaba la superficie del nÚcleo o alma del molde, capa que se endurecía después con el calor engendrado por la combustión del carbón. Se comprende que los agujeros del zócalo sirven para dar paso al aire que ha de alimentar la combustión. Con las operaciones anteriores quedaba terminado el nÚcleo, después de darle una capa de barniz jabonoso mezclado con carbón.

El nÚcleo ya construido, se disponía en el centro del hueco abierto en tierra. Sobre el nÚcleo se construía la falsa campana, capa de tierra mucho menos resistente que la anterior y más quebradiza, que una vez seca adquiría la suficiente consistencia para moldear sobre ella la cubierta, pero era lo suficientemente frágil para que, una vez construida la cubierta, se pudiera quitar con facilidad aquella capa, dejando un hueco que tenía que llenar el bronce fundido. Desde luego la campana se fundía boca abajo. En la superficie exterior de la falsa campana se colocaban los cordones y letras que luego habrían de aparecer en la superficie exterior de la campana construida. La cubierta se construía por capas de material que al secarse fuera consistente, como el de la capa del nÚcleo. Dábase una capa, se dejaba secar y procedíase a otra, y así sucesivamente hasta dar a la cubierta un grueso un poco mayor que el máximo grueso de la campana. Para evitar la adherencia de la falsa campana a la cubierta, cubríase aquella también con un barniz jabonoso. Una vez seca la cubierta, se cortaba en círculo en la parte inferior, y se levantaba, dejándola aparte el tiempo necesario para romper y quitar la falsa campana. Cuando ésta se había quitado por completo, y quedaba otra vez el nÚcleo, se disponía nuevamente la cubierta sobre el mismo, centrándolo gracias a ciertas señales hechas en la cubierta y en el zócalo, antes de separarla del nÚcleo y falsa campana. Hecho esto, se procedía a construir el molde de las ansas rellenando el hueco en la tierra donde se hallaba el molde y enseguida se colaba donde el bronce entraba por la parte superior. Se empezaba por fundir el cobre y luego se añadía el estaño. Se conocía perfectamente el estado conveniente de la aleación, sacando muestras del horno. Cuando se hallaba a punto, el jefe de los artífices habría la llave que dejaba salir el líquido. Una vez realizada la colada, dejábase enfriar, y una vez fría, se desenterraba la campana para reparar los sitios defectuosos, en especial los situados frente a los agujeros de escape de aire que debía contener el molde. Después se limpiaban y en ocasiones trabajábanle aÚn con el cincel.

Finalmente, se fundía el badajo. Algunas campanas han debido fundirse varias veces para lograr el tono apetecido; por ejemplo la campana de Colonia, llegó a fundirse tres veces.

1.2 AcÚstica

En acÚstica, se denominan campanas todas las superficies curvas vibrantes. Su teoría es muy particular porque las vibraciones no son transversales, sino tangenciales. Matthieu y Maktezos se han ocupado de las vibraciones de las campanas. El primero considera el cuerpo limitado por dos superficies de revolución, cuyo espesor puede ser variable, pero del que supone despreciable la potencia segunda; para el caso de la esfera llegó a fórmulas comprobables numéricamente. Sobre las campanas cilíndricas, Rayleigh se encargó de su estudio.

Fenkner y Auerbach, al trabajar en las vibraciones de un vaso cilíndrico, hallaron que el tono fundamental no depende de la altura, es inversamente proporcional al cuadrado del diámetro y proporcional al espesor.

En sus experimentos con varias campanas procedentes de diversas iglesias, Lord Rayleigh comprobó que los sonidos superiores son inarmónicos y diferentes.

En acÚstica, por irregularidades que lleva consigo la campana resultan pulsaciones; la formación de ésta depende del lugar donde se realiza la percusión.

En la vibración de campanas y copa de vidrio por razonamiento con el dedo sobre los bordes, se forma un nodo de la campaneta normal y una neutra de la tangencial, los cuales siguen al dedo. El tono es más puro y más intenso que por percusión, las pulsaciones desaparecen en parte, como al poner en movimiento de rotación alrededor de su eje una campana.

1.3 Las campanas en la mÚsica

M. Righetti (1955), agrega que una vez salida de la fosa de colada es raro oír que la campana dé un son satisfactorio; el son de las campanas pertenece a la categoría de los sones musicales llamados complejos. Sobre el perfil del instrumento de bronce se localizan, al golpe del badajo, un gran nÚmero de sistemas vibratorios, a los cuales corresponden notas diferentes bien definidas, aunque difícilmente discernibles entre ellas. Un oído práctico distingue hasta cinco y, con la ayuda de ciertos aparatos se han contado dieciséis o dieciocho.

Es sabido que una cuerda de piano vibra dando una nota fundamental que corresponde a la vibración total de la cuerda. A esta nota se superponen diferentes armónicas, que corresponden a las divisiones geométricas de la cuerda. La campana, al contrario, no tiene armónicas; pero en ella existen sones concomitantes que, segÚn el perfil de la campana, pueden varias independientemente unos de otros, así lo expresan los hermanos Paccard, maestros en campanografía. Añaden que ese perfil debe ser estudiado de forma que se haga dar al bronce cinco tonos principales en las relaciones de armonía citadas: La fundamental o nota de timbre; el "hum", llamado así por el zumbido que constituye y que está en la octava inferior de la fundamental; la tercera por encima de la fundamental; la quinta; y la octava superior.

En lo que respecta al contexto musical, las campanas se usan poco y su introducción en las orquestas es de fecha reciente. Su oficio consiste en despertar en nuestro ánimo ciertos sentimientos; pero en la escena producen más bien un efecto dramático. Las campanas de sonido agudo nos hacen pensar en escenas alegres y festivas, y las de sonido grave nos recuerdan actos solemnes. Se han usado las campanas en varios fragmentos musicales: Verdi en el Miserere de El Trovador; Meyerbeer en la escena de la matanza de Los Hugonotes; Rossini en el coro del segundo acto de Guillermo Tell; y Wagner en el Encantamiento del Viernes Santo, del Parsifal. Otras obras que emplean las campanas son la balada de Goethe "La campana que anda" y la "Canción de la campana" de Schiller.

En una de las ciudades medievales de Flandes, Pablo de Gante (1935), sostiene que algunas de las famosas comunidades autónomas del siglo XIV, cada cuarto de hora suena una orquesta de campanas instalada en la torre principal e la ciudad. Este campanario se llama "Belfort" (flamenco), "Beffroi" (francés) y "Belfry" (inglés), que literalmente significa "Torre de las campanas".

Debido a la competencia entre las ciudades libres de Flandes, se realizaron trabajos de fundición de campanas con sumo cuidado. El más famoso de los fundidores fue Van den Gheyn, a quien reconocieron tanto en Flandes como en los países vecinos.

El juego de campanillas denominado "beiaard" (flamenco) o "Carrillón" (francés), se compone de 36 a 48 campanas, segÚn sean tres o cuatro octavas completas, con sus respectivos semitonos, que integran el instrumento. Los carrillons más famosos se encuentran en las torres de Malinas, Amberes, Gante, Brujas, Lier, Aalst, Kortrijk, Yper, Mons. Todos ellos tienen la capacidad de emitir dos clases de mÚsica: primero la mÚsica mecánica, producida por un cilindro giratorio en el que se colocan los ganchos correspondientes a cuatro canciones, una para cada cuarto de hora.

La otra clase de mÚsica es la ejecutada individualmente por medio de un teclado o "pedalier", que acciona los martillos de las campanas. Hay que aclarar que el sonido de las campanas no se produce por medio de badajos, sino por dos martillos que hieren la pared exterior y permiten así emitir notas largas.

La mÚsica de "carrillón", en palabras de Pablo Gante, ha llegado a ocupar en Flandes un lugar de honor en las artes autóctonas y es motivo de orgullo entre los compatriotas de los célebres contrapuntistas y de los grandes pintores del Renacimiento.

Todas las bocacalles alrededor de la plaza en que se levanta la torre con su "carrillón", están custodiadas por la policía para impedir que el tráfico de la calle estorbe la función artística de los fieles de este instrumento. El programa lo forman indiferentemente una Fuga de Bach, un Andante de la 5a. Sinfonía de Beethoven, como un Estudio de Chopin, una canción popular o una selección de Aida o Tannhauser. Piezas originales de los compositores Jef Denyn, y otros, hechas especialmente para "carrillon", se colocan entre la mÚsica de los grandes maestros.

Cada año se verifican festivales solemnes en que virtuosos de los demás campanarios lucen sus talentos y compiten en concursos. También en Gante, Brujas, Amberes y otras ciudades de Flandes, se realizan conciertos de "carrillon".

En no pocas ocasiones se han celebrado conjuntos por la cooperación de del "carrillon" con grandes masas corales, cantando al pie de la torre y trompetas tebanas colocadas en las galerías exteriores de la misma. La mÚsica más apropiada para tan originales audiciones musicales está conformada por las famosas cantatas y oratorios del ilustre maestro flamenco, Peter Benoit. Por todo lo anterior, Pablo de Gante sostiene la solemnidad y la grandiosidad musical revela la genuina expresión del alma colectiva de todo un pueblo.

1.4 Diversos usos de las campanas

Desde la más remota antigüedad se han empleado instrumentos sonoros para dar avisos al pueblo o para convocarlos en puntos determinados.

Aunque las campanas benditas no deben emplearse más que para el servicio de la Iglesia, y por consiguiente para fines religiosos, existe la costumbre de tocar las campanas en señal de pÚblico regocijo, por algÚn acontecimiento ordinario o de interés comÚn, por una fausta noticia que afecta a toda la población. La campana se halla relacionada con todas las clases de derechos en el orden religioso y en el social y con la producción de casi todos los notables acontecimientos, la necesidad de su empleo, en especial en las comunidades religiosas ciertamente se dejaba sentir, cuando en los relojes sólo había indicación de la hora.

Y en otros casos como alerta en caso de incendio, inundación o invasión de enemigos. Antiguamente, en la ejecución de un criminal era tocada la llamada campanilla de los pobres pecadores, generalmente colocada en la casa municipal. En Europa, con la "campana de las puertas" se anunciaba la hora de cerrar las puertas de la ciudad y en algunos países existía la "campana de la ignominia", que se tocaba durante la fustigación o ejecución de los criminales.

Los conquistadores se han apoderado de las campanas del pueblo como auxiliar eficaz para la paz y la conservación de la conquista ya que en la toma de posesión de territorios por señores, como consta de los condes de Flandes, que después de recibir el juramento de sus nuevos vasallos, tocaba el conde posesionario por tres veces las campanas de la iglesia parroquial en testimonio del respeto de sus fueros.

Al toque de las Vísperas Sicilianas, en la Pascua de 1282, ocho mil franceses fueron asesinados. La matanza de millones de hugonotes, en Francia, el día de San Bartolomé de 1571, fue precedida del toque de las campanas.

En la conquista de Yucatán por Francisco de Montejo, éste, en 1528 acampado en la capital con tan sólo 250 hombres, fue atacado por los indígenas obligándolo a abandonar la ciudad; para evitar ser destruido su contingente salió de noche después de haber atado a la cuerda de la campana del Ángelus a un perro, que tenía a distancia alguna comida. Cuando los españoles se marcharon, el perro quiso seguirles, haciendo sonar la campana, esto tranquilizó a los naturales y los españoles pudieron librarse de la embestida.

Desde el siglo XII, eran llevadas en la batalla, y se pronunciaba juramento de la forma más solemne sobre ellas; en este mismo siglo las grandes ciudades contaban con una "campana de consejo" (campana bannalis), que suspendida en la torre de la ciudad se tocaba para reunir la municipalidad, para dar el aviso de alarma a la aproximación del enemigo, para anunciar los incendios y otros peligros.

Otros usos que tuvieron las campanas fueron como forma de exorcismo en que la campana era empleada para amedrentar y hacer huir al espíritu maligno. Los usos civiles de la campana son: señala la entrada y la salida del trabajo en las fábricas, en la escuela, en el aula; se usa en las sesiones, a veces sólo para abrirlas, levantarlas y poner orden; hay campana de estación de ferrocarril, de las medias horas en el mar, del muelle, de la cárcel, de la audiencia, de dar las indicaciones de las horas de llamar, de comer, de la fonda, las campanas de las caballerías, etc.

La aplicación de la campana en la marina es en los buques como instrumento para producir señales fónicas perceptibles al exterior en casos de niebla, cerrazón, etc., y para picar las horas en que debe efectuarse los relevos de los guardias o cualquier otro acto del servicio interior. Por otra parte, la campana no ha sido un instrumento bélico propiamente dicho pero, ha servido durante largo tiempo para algunos usos militares ya que al son de la campana se reunía la hueste en el castillo para ir en fonsado, o se llama a las armas a todos los hombres hábiles del consejo cuando aparecían de improviso los bajeles corsarios a la vista del puerto, o los moros llegan en sus correrías hasta las afueras de la villa. Los toques de rebato (llamada precipitada a los vecinos de un lugar ante un acontecimiento repentino) y de somatén (repique utilizado para perseguir a los criminales o defenderse de los enemigos) no son otra cosa que reminiscencias de aquella costumbre, arraigada por la práctica de tantos años. A veces se ha usado también en las plazas de guerra para comunicarse los centinelas del recinto, el alerta durante la noche y para hacer éstos las señales de aviso de alarma a distancia.

Como claro ejemplo de lo anterior, me permito citar el caso de la "Campana de Dolores", esquilón cuya historia se remonta al 28 de julio de 1768, fecha en la que el cura Anastasio Sánchez Villela la bautizó con el nombre de San José. La pieza mide 1.60 metros del borde de la boca hasta la parte superior del contrapeso de encino, mide 1.05 metros de diámetro, 9 centímetros de espesor y un peso de 785 kilogramos (San Viernes No. 13, 1996).

A sus 57 años el cura Miguel Hidalgo y Costilla Gallaga, llamó al levantamiento popular en contra de la influencia desde 1808 de la invasión napoleónica en España, a independizarse de la visión imperial en espera de la libertad de Fernando VII, El Deseado, y la restitución de la corona española, puesta por Napoleón en la cabeza de su hermano José.

En febrero de 1810, el plan revolucionario del doctor Manuel Iturriaga lograba en Querétaro el consenso de Miguel Hidalgo y del capitán del Regimiento de Dragones de la Reina, Ignacio Allende confabulado con el teniente Mariano Abasolo en Dolores, y con el licenciado Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz, también en Querétaro; dicho plan consistía en difundir en las principales ciudades la inconformidad con los españoles y con Carlos IV por entregar la corona a Fernando VII, que, a su vez la entregó a los franceses, y evitar que éstos se apoderaran de la Nueva España.

En estos momentos, la independencia era la Única vía para expulsar a los peninsulares y decomisar su riqueza para destinarla a las arcas pÚblicas; se acordó que el 1 de diciembre de 1810 se reunirían más de 100 mil fieles en San Juan de los Lagos, Jalisco, con motivo de las celebraciones de la Virgen. Los preparativos comenzaron por reunir parque, armas y dinero. El 10 de septiembre, en la ciudad de Querétaro se descubre la conspiración pero, es el 15 de septiembre cuando Miguel Hidalgo afirma ante Juan Aldama, los hermanos Allende en Dolores que, debido a las circunstancias no quedaba remedio que "coger gachupines" y, fue precisamente con el instrumento introducido al Nuevo Mundo por los españoles: la campana, con el que la madrugada siguiente se llamó a una celebración litÚrgica donde los feligreses fueron convocados a la insurrección en contra de los españoles.

El esquilón San José permaneció en Dolores por más de 80 años, hasta que en 1896 Porfirio Díaz, convencido por Guillermo Valleto y Gabriel Villanueva, decidió su traslado a Palacio Nacional, donde ha permanecido desde entonces, encima del balcón central (San Viernes No. 13, 1996).

1.5 Las campanas en la historia

Indudablemente las campanas no siempre tuvieron las mismas dimensiones pues el uso de las pequeñas campanas precedió al de las grandes. En Egipto las campanas fueron de muy reducidas dimensiones y de acuerdo a la información proporcionada por la Enciclopedia Universal Ilustrada, las fiestas de Osiris se celebraban acompañadas de sones de muchas campanas.

Éstas fueron utilizadas en la India y China largo tiempo antes de verlas empleadas en Europa. Porfirio (Libro IV De abstin animalium esu) habla de ciertos filósofos de la India que al toque de la campana se reunían para orar y comer. Los chinos, en cambio, hacia 1262 a. J. C. tenían 12 campanas graduadas en el sonido de tal forma que podían expresar los tonos de la mÚsica. Sin ser campanas propiamente tales, fueron afines a estos instrumentos, por razón del sonido, las calderas de Dodona de los griegos, repicadas al dar los oráculos la respuesta, y los gongos o batintines chinos e indios de forma de pandero y muy sonoros; y por la forma toda clase de tambores y címbalos, las láminas metálicas de los romanos y las barras metálicas o de madera que usaban muchas tribus salvajes, particularmente para acompañar las danzas. AÚn la palabra griega kodon que se traduce por "campana", expresa probablemente el gongo o el címbalo, que no era una verdadera campana del pueblo griego.

Entre los griegos comenzaron a usarse por el año 865, en cuya época el patricio Ursodux de Venecia, envió al emperador Miguel doce magníficas campanas que fueron colocadas en la torre de Santa Sofía.

Los griegos suspendían asimismo campanillas del cuello de sus caballos. Además de utilizar las campanas para abrir los mercados pÚblicos y anunciar la venta de pescado en los mismos, el oficial de la milicia griega encargado de hacer la ronda nocturna de los centinelas, llevaba una campana. Se usó para simbolizar a Príapo (en la mitología grecolatina es un ser deforme y monstruoso pero fue considerado dios de la generación y la fertilidad de huertos y rebaños. Engendrado por Afrodita y Dionisos); alguna vez figuró en el arte funerario como tributo de Baco (o Dionisos griego, hijo de Zeus, creador de la vid y remediador de preocupaciones que, con su cortejo de sátiros, silenos y menades -mujeres furiosas en éxtasis- recorría las tierras); la usaron los sacerdotes de Proserpina y Cibeles en Atenas; en los misterios de los Cabiros -grupo de divinidades adoradas en la Antigüedad por los pueblos del Asia Menor, en las islas del Mar Egeo y algunas regiones de Grecia. Samotracia fue la cede principal de su culto- se las tocaba dando a su sonido un valor purificatorio.

Por su parte, la ley mosaica prescribía (libro del Éxodo, XXVIII) que en la parte inferior de la tÚnica del gran sacerdote de los hebreos en funciones en el templo debían ir campanillas de oro colocadas alternativamente con adornos de granadas. Estas campanillas estaban destinadas a dar aviso a los fieles acerca de la entrada y salida del gran sacerdote en el santuario; eran de gran nÚmero: 366 segÚn Clemente de Alejandría y 72 segÚn los rabinos y San Jerónimo. En el Libro de los NÚmeros (Capítulo X), nos habla Moisés de las trompetas de plata construidas por orden del Señor, para anunciar al pueblo las horas de las fiestas y sacrificios, y para dar la señal cuando pueblo se había de trasladar de un punto a otro en su viaje por el desierto (Diccionario de las Ciencias Eclesiásticas, 1971: 485).

Aarón y los sacerdotes del antiguo Israel, lo mismo que los sacerdotes de Cibeles y de Isis, las usaban en el culto y llevaban campanillas en los vestidos. Por su parte Zacarías, en su capítulo XIV, menciona unas campanillas que los hebreos colgaban del cuello de sus caballos, designados con el nombre de metsilloth, las cuales hacían el oficio de cencerros, y que en todo caso eran adornos del cuello del caballo. Las mujeres de aquel pueblo contaban con campanillas entre sus adornos.

En los funerales de Alejandro Magno (323 a. J. C:) cada caballo llevaba suspendida una campanilla de oro, segÚn refiere Diodoro Sículo. De acuerdo al Diccionario de Religiones de E. Rpyston Pike, había campanas en todas las basílicas o casas consistoriales del imperio romano y quizá fueron adoptadas por los romanos cuando muchas de las basílicas quedaron convertidas durante el siglo IV.

Pero también entre los romanos la campana tuvo mÚltiples empleos: servía para indicar la apertura del mercado y para anunciar la hora de los baños, llamándosela entonces aesthermarum; avisaba al pueblo el paso de los criminales hacia el suplicio, la proximidad de un eclipse y otros acontecimientos notables; la usaban los serenos; se colgaban campanas del cuello de las bestias a fin de amuletos o para alejar a los lobos; se utilizaba también para llamar, en las casas muy acomodadas, a los criados para convocarlos a la hora de comer. Los romanos usaban igualmente las campanas en las procesiones, para llamar a los soldados a las armas y, a los ciudadanos al senado.

M. Righetti (1955) señala que los cristianos las ocuparon en las catacumbas, porque se han encontrado en gran nÚmero. Autores como el cardenal Bona y el abate Pascal (1863) piensan que fue inmediatamente a la era de libertad, cuando la Iglesia gozó de la paz ofrecida por el emperador Constantino -a través de un edicto en 313-, que al multiplicarse por doquier el nÚmero de cristianos, y consiguientemente el nÚmero de monasterios o conventos, los obispos, los sacerdotes, los monjes usaron pronto las campanas como medio para convocar a los fieles al templo para los actos del culto divino, y en las grandes iglesias para dirigirlo o para advertir los momentos culminantes de las ceremonias religiosas (Enciclopedia de la religión, 1976: 328).

R. Lesage (1959), argumenta que la introducción de las campanas a las iglesias se debe a San Paulino, obispo de Nola, cerca de Nápoles, en Campania hacia 353-431. De acuerdo al trabajo de M Righetti, mediante una carta del diácono Ferrando de Cartagoal abad Eugipio, en los monasterios de la Campania, los monjes al final del siglo V eran convocados ad consortium boni operis mediante una campana sonora. Desde el siglo VI en adelante, el uso de la campana bajo los nombres de signum, nola, clocca, campana se encuentra difundido en Irlanda, en España, en Alemania, en Italia.

En Francia las campanas de iglesia estaban en uso en 550. En 680, Benito, abad de Wearmouth, las importó de Italia en Inglaterra. En Irlanda y demás países de origen celta desde la primera mitad del siglo VI; los misioneros las importaron de allí a Alemania.

En el siglo VIII el uso de las campanas alcanzó un gran desarrollo pues, para ese entonces formaban parte esencial del equipo de cada iglesia habiendo en una misma dos o más campanas. Hacia la segunda mitad de este siglo se introdujeron las campanas en Roma, por los papas Zacarías (742) y Esteban II (557), el cual regaló tres a la basílica vaticana.

En el siglo IX cada iglesia parroquial tenía cuando menos una campana y, precisamente la campana más antigua de iglesia conservada es la chumascach, en Annagh (Irlanda), cuyo tamaño es de 8 pulgadas de diámetro y un pie de altura; ésta fue fundida en bronce y data de finales de este siglo. En el siglo X se sabe que San Dunstano colgó muchas campanas, y en el siglo XI su empleo era comÚn en Suiza y Alemania.

Las campanas conservadas de los siglos XI, XII y XIII tienen generalmente la forma de colmenas, de dedales o de barriles, en ocasiones de una anchura desproporcionada y, en otras más estrechas; perforadas con tres o cuatro pequeñas aberturas triangulares en la parte superior y raras veces de lados no bien rectos. No obstante la configuración actual de las campanas no ha variado esencialmente desde el siglo XIII (Enciclopedia Universal Ilustrada, 1979: 1196-1197).

Dícese que se debe al cardenal Guido, legado del papa en Alemania en el siglo XII, la iniciativa de hacer agitar una campanilla en el momento de la consagración. Hoy día, el ayudante de la Misa lo hace obligatoriamente en el Sanctus, en las dos elevaciones y, en muchos sitios, antes de la comunión del sacerdote.

R. Lesage (1959), sostiene que el uso de las campanas se extendió por toda Europa bajo el reinado de Carlomagno. Todos los escritores eclesiásticos del siglo IX hablan de las ceremonias de su bendición; Alcuino el gran sabio, que recibió de Carlomagno tres abadías y fundó escuelas en París, Tours y Aix-la-Chapelle, no fue ajeno a ello. La Edad Media conoció "ciudades sonantes" como Aviñón, Troyes, Lisieux y Colonia.

Los toques de las campanas estaban reglamentados, así lo demuestra Edmond Martinot en su obra "Les cloches des églises de Troyes" y enumera todos los toques de la catedral en 1686. "El reglamento en vigor distingue las fiestas anuales, las fiestas solemnes, las fiestas de segunda, tercera y cuarta clase, semidobles, misas simples, funerales, aniversarios, etc. La víspera de las fiestas anuales, se toca al principio durante una hora, de dos a tres de la tarde, a saber: dos grandes campanas mediante media hora, luego cuatro campanitas durante un cuarto de hora, y finalmente durante el Último cuarto de hora las dos mionettes para el primer golpe, la campana del capítulo y el gros mionet para el segundo, el gros mionet y la campana del obispo para el tercero, las dos grandes medianas para el cuarto, las dos grandes para el quinto y, para el Último, las seis campanas en movimiento. Para completas, se tocan las dos campanas grandes de la torre desde el principio del primer salmo hasta la fin del Último. Para el "buenas noches" se tocan nueve golpes seguidos con las dos campanas grandes y a continuación se tañen todas al vuelo el tiempo de un flechazo (Lesage, 1959: 85-86).

1.6 Importancia de los campanarios

La existencia de fuentes documentales que datan del siglo VI, prueban el empleo de las campanas en los monasterios y en las Iglesias, éstas eran más o menos grandes y, luego que se fundieron campanas mayores, su uso se fue extendiendo por toda la Iglesia occidental que al principio se colocaron en simples caballetes o trapecios de madera y, después aumentando el uso de las campanas, su volumen, su peso y su nÚmero, se construyeron torres o campanarios en que se colocaron para su mejor cumplimiento. Los escritores eclesiásticos contemporáneos de Carlo-Magno y Ludovico Pío hablan de las campanas como una cosa universalmente adoptada en las iglesias.

El campanario entendido como construcción elevada para difundir lejos el sonido de la campana y llevar a todos los fieles a la invitación de la iglesia es una creación meramente cristiana y no anterior al siglo Vlll. M Righetti (1955), supone que su empleo probablemente se deriva de las antiguas torres escalonadas erigidas desde el siglo V sobre las fachadas de las iglesias o a sus lados como órganos de defensa pero también, mediante pequeñas escaleras circulares se tenía acceso a las partes más altas del edificio.

R. Lesage (1959), dice que, al principio los campanarios no estaban situados en las mismas iglesias, sino en torres separadas de éstas y, refiriéndose a las campanas sostiene que, se las hacía resonar golpeándolas con un martillo o una macita. Luego fueron fijadas en la clave de una ventana o suspendidas en el alero de la iglesia. Con el tiempo, se generalizó el uso del badajo y las campanas se hicieron móviles y se pusieron en movimiento, primero por una cuerda de que se tiraba y más tarde por un pedal. Fue a partir de los siglos XI y XII cuando aparecieron los campanarios, que reemplazaron a las antiguas "torres de campaneros", donde velaba el clocman.

En la arquitectura religiosa, Campanario es la torre que se halla en la inmediación de la iglesia donde van a ser dispuestas las campanas. Su nombre deriva de su uso, sin embargo, los campanarios son más antiguos que las mismas campanas, pues en un mosaico del arco triunfal de Santa María Mayor, en Roma, y que es de la época de Sixto III (430-440) se hallan representadas, cerca de un baptisterio y una basílica, dos torres, y en cambio, el origen de la campana como señal para advertir a los fieles, no se ha podido encontrar más allá del siglo VIII.

El campanario es una creación medieval, nació con la cultura y la vida feudales; en la época en que el fervor religioso se plasmaba en todas las obras de los hombres, las agudas torres de más de cien metros simbolizaban un pueblo. Tanto el campanario como las campanas fueron considerados cosas sagradas pues, en los fundamentos de los primeros se ponían reliquias, como lo hizo en el año 1017 el abad Didiero de Montecasino, y se consagraba con una fórmula especial de bendición. "En su parte superior, frecuentemente sobre la cruz terminal, el Medioevo usó colocar la figura de un gallo, por un evidente significado simbólico; es decir, el de expresar la vigilancia y el coraje, recordar su canto matutino, que en la hora de la resurrección de Cristo anuncia el fin de las tinieblas y el retorno de la luz" (Righetti, 1955. 447).

Los campanarios más antiguos se encuentran en Roma: uno erigido junto a la basílica del Laterano, erigido por el papa Zacarías (742); el otro en San Pedro, construido por Esteban II (757), ambos derribados en 1610. Ginulfo, abad de Montecasino, erigió en el año 797 uno grandioso, sostenido por ocho grandes columnas (Righetti, 1955: 443).

AÚn las pequeñas campanas se colgaban en espadañas o en los muros, en el siglo VIII, con la introducción del campanario como nueva pieza arquitectónica, las campanas aumentaron de dimensiones. Sin embargo, es de notar que a pesar de no haberse fundido campanas de grandes dimensiones hasta los siglos XII y XIII, en el siglo XI y principios del XII se construyeron campanarios notables por su altura y por su riqueza. En Bélgica uno de los medios utilizados para expresar su independencia (siglo XII), fue la creación de un campanario.

Durante la época feudal (siglos XI-XIII), el campanario era una torre de defensa que, pronto se convirtió en ostentación del poder; las abadías, las iglesias ricas, en general todas las comunidades que disfrutaban de franquicias y aÚn los pueblos, rivalizaban en el espesor de las torres que a lo lejos eran su distintivo y constituían siempre su orgullo.

De la época primitiva del románico son las torres cilíndricas bizantinas que se hayan en Ravena, en la catedral de San Apolinario, en San Juan y San Pablo, y la cuadrada de la iglesia de San Francisco, los cuales se estiman como construidos en los siglos IX a X o anteriormente.

Al finalizar el siglo XI aparece en Francia la escuela normanda que, durante el siglo XII dio extraordinario impulso a la construcción de iglesias y campanarios. La mayor parte de éstas, construidas por los normandos tenían generalmente tres campanarios, uno en el crucero, y dos en la fachada entre los cuales se encontraba el pórtico. Las catedrales y abadías llegaron a tener cinco, y al final del siglo XII, al aparecer la escuela francesa en territorio real, se llegó a siete y hasta nueve campanarios.

Fuera de Italia, los campanarios de las iglesias románicas en los siglos XI y XII fueron dispuestos o a los dos lados de la fachada, o en la extremidad del coro o del transepto; a veces se añadía un tercero sobre el cruce del transepto con la nave, desarrollado el tiburio (Righetti, 1955: 446).

La arquitectura gótica ha legado torres caladas rematadas algunas de ellas por agujas que llevan en sí el sello característico de la construcción medieval, tan rica en inventiva como grandiosa en sus efectos; con el Renacimiento los campanarios perdieron la mística armonía del gótico.

Generalmente en Italia, el campanario se levantó aislado, distinto del cuerpo de la iglesia, hasta el 1500 prevaleció el tipo lombardo-románico, constituido por planta cuadrada , muro de ladrillo o piedra labrada, pilastras angulares y un poco salientes, divisiones horizontales de los diversos planos, constituidas por una serie de arquitos con centro plano, ventanas en nÚmero progresivo de abajo hacia arriba, techo bajo a cuatro vertientes. O también, a partir del siglo XI, agujas piramidales de ladrillo. Este tipo tuvo ligeras variantes hacia los siglos XIII y XV encaminadas a resaltar la decoración.

El Renacimiento (siglos XV y parte del XVI) redujo las proporciones y concepción de los campanarios, a los elementos eurílmicos o simétricos de las fachadas como sucedió en el caso del campanario del Santuario de Saronno (Italia); la decadencia produjo campanarios sin estilo peculiar, en los que coronaba una torre cÚbica, un cuerpo de edificios siguiendo los estilos clásicos, siendo la mayor parte de las veces una construcción completamente simétrica como sucede en el caso de las iglesias de la Trinidad del Monte (Italia), las de Guanajuato, las de Guerrero, Morelia, Puebla (México), y Lima (PerÚ).

En España se distinguen dos tipos de arquitectura románica, el castellano y el catalán; en el primero las torres presentan un primer cuerpo macizo y los otros superiores separados por una impostilla labrada, con doble o triple ventana por lado provistas de columnas acodilladas y archivoltas abocinadas, habiendo en los ángulos braquetones o columnas, terminan generalmente por una flecha o pirámide cuadrangular sencilla de tejas o escamas de barro cocido.

El tipo catalán se halla constituido por un primer cuerpo macizo y separados los demás por una serie de arquillos lombardos, tienen ventanas de medio punto liso gemelas, con jambas sencillas y una columna Única en medio con larga zapata a modo de capitel; en los ángulos anchas bandas lombardas verticales.

En conjunto, los campanarios de ciertos países tienen semejanzas como los campanarios de agujas de las iglesias inglesas, normandas, rhinianas y alemanas; la forma bulbosa de los campanarios rusos, y la meseta terminal de muchas iglesias belgas, francesas y catalanas. En nuestros días, los campanarios suelen ser recuerdos de otras edades como acontece en los campanarios de las iglesias de Canadá y de los Estados Unidos, en cuyos países se han añadido campanarios a edificios civiles: la reproducción de la Giralda de Sevilla, en el edificio del Madison Square, el de la Equitativa y el de la casa Singer, en Nueva York.

R. Lesage (1959), recomienda que el campanario se construya con muros espesos y disponer las aberturas hacia lo alto para facilitar el paso de las ondas sonoras pues, si se ponen tornavoces o vanos con una pendiente demasiado pronunciada, rebaten bruscamente el sonido hacia el suelo y resulta un ruido discordante en lugar de una armonía musical. Montadas sobre una sólida armazón, independiente de las paredes, las campanas pueden tañer al vuelo, a gran vuelo, a todo vuelo, es decir, que se balanceen y que el badajo, cuyo centro de gravedad es diferente, golpee sucesivamente los dos bordes. La liturgia no prescribe nada con relación al nÚmero de las campanas que deben echarse al vuelo, ni a la manera de tocarlas; no hace más que indicar el son festival o el son fÚnebre.

Para este autor, se debe seguir en todas partes la costumbre del lugar, que tiene su lenguaje bien conocido de sus habitantes. En muchos sitios se tañe lentamente para anunciar la agonía o la muerte de una persona; es el toque de agonía, es decir una sola campana a espacios regulares o el tañido sucesivo de varias, entre la muerte y la sepultura segÚn el uso establecido. Por ejemplo, un golpe para los niños, dos para las mujeres, tres para los hombres, y para los clérigos, tantos como órdenes hayan recibido. Este toque fÚnebre esta prohibido por la congregación de los ritos en todas las fiestas en que está prohibida la misa de funerales, desde la víspera por la tarde y todo el día siguiente.

1.7 Etimología y textos referentes a las campanas

Etimológicamente la palabra "campana" significa lo siguiente:

1.- Algunos autores pretenden que se llamó así, en atención de la provincia de Campania en Italia, porque allí fabricaban campanas en gran escala y con mayor perfección que en otras partes.

2.- Otros sostienen que, si se llamó campana de Campania es porque la aleación aes campanum, empleada en dicha provincia era la más rica y excelente que se conocía.

Campana (en latín), se lee por primera vez en una carta del diácono Fernando al abad Eugipio, en Italia hacia 515. Más expresamente, el vocablo aparece en Cumlano, en Jona (665), en San Beda (710), y otros muchos autores.

El obispo de Tours, teólogo e historiador francés Gregorio de Tours, es considerado el primer escritor que hace mención de las campanas (signa) en su obra que data del año 585. En las Constituciones llamadas de San Cesáreo de Arlés (513) y en la regla de San Benito (540) ya se habla del toque de la campana señal, lo propio que se lee más tarde (615) en la Vida de San Columbano. Por aquel tiempo las campanas eran tocadas hiriéndolas o moviéndolas, y se hace mención de una cuerda unida a ellas. En el Liber Ordinum (en uso en la iglesia visigótica y mozárabe de España, impreso en 1904), habla repetidas veces del toque de las campanas, por lo que su uso era frecuente en España en el siglo V. Hacia el 605, empezaron a tocar las horas.

Jerónimo Magius en su obra De Tintinnabulis, distingue las siguientes clases de campanas: 1. Tintinnabulum o tinniolum, campanilla destinada al uso del dormitorio o refectorio, tomando en el Último caso el nombre de esquilla; 2. Petasius, o campana de forma de sombrero de anchas alas; 3. Codon, o boca de trompeta griega; 4. Nola, pequeña campana usada en el coro; 5. Campana, empleada primitivamente en las iglesias latinas y posteriormente colocada en la torre o campanario; 6. Squilla, campanilla de son agudo. Este mismo autor refiere que a la campana de la torre se le llamó signum.

Como la campana fue en sus principios una señal (signum), su nombre se usaba con el adjetivo, y se decía signum campanum y plural signa campana; de aquí derivan algunos el nombre de campana, creyendo que tomaron esta denominación porque se fundía en el campo: signa incampo fusa. El nombre de nolas con que se designaba en aquellos mismos siglos, viene en sentir de algunos de la ciudad de Nola, capital de Campania; pero tienen su origen más verosímil en la voz celta noll, nell, "sonar", de que procede el inglés knoll, "doblar las campanas".

Campana se expresó ya bien adelantada la Edad Media con las palabras signum, campana clocca y nola. Hacia el siglo VI se encuentra con frecuencia el nombre de signum, y muy raramente campana, que sólo se hace comÚn en el siglo XVII. Clocca, forma latina de clog, irlandés, de cuyo pueblo parte la denominación que dio origen al cloche, francés; al clock, inglés, y al Glocke, alemán, aparece en el siglo VII en el libro de Armagh y en la vida de San Columbano por Adamman hacia 685.

Guillaume Durand, obispo de Mende (Francia), explica que hay seis tipos de campanas: la squilla que sirve para el refectorio, el cymbalum en el claustro, la nola en el coro de la iglesia, la nonula o campana doble para el reloj, la campana en el campanil y finalmente el signum en la torre del campanario. R. Lesage(1959), señala que en recuerdo de las campanillas antiguas de los emperadores romanos las tintinnabula imperialia, los papas se hacían preceder en sus viajes de una mula blanca, que llevaba el Santo Sacramento, en cuyo cuello estaba suspendida una campanilla roja, que se agitaba al paso del animal. Era una de las tintinnabula papalia.

Es también un tintinnabulum o en todo caso una campanilla lo que se encuentra habitualmente suspendido en la puerta de la sacristía, debe ser agitada al principio de cada misa y de cada oficio, cuando el oficiante la deja para dirigirse al altar.

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