BARBER, Llorenç - La ciudad y sus ecos

notas a la composición de axis mundi

decía novalis que el tiempo es espacio interior y el espacio, tiempo exterior, y esta interpenetración de dentros-fuera y antes-después que toda música provoca adquiere un especial relieve en un concierto espacial, como éste, en que el sonido es puesto a viajar entre el enredo de calles y plazuelas de pamplona.
música esencial frente a los énfasis que otras ponen en las citas del pasado, en la complejidad del entramado compositivo o en la decoración plasticosa del sonar-de-aeropuerto. este es un sonar rotundo y puro empaste en el espacio: fisión de aires, humedades y vientos con su inmensa prole de gradaciones y voladuras: cada campanazo son muchos distintos campanazos según dónde y cuándo se escuche.
hasta el momento ese gran vaso, con su rico sonar de armónicos opuestos, no había existido para el compositor más que en mínimas dosis, y ello quizás porque han vivido en ellas, con ellas, por ellas, y quizás sin saberlo: era ese un sonar obvio. hoy ya en el gozne del olvido (por descuido, mas también por saturación sónica, en nuestras civilizadas metrópolis) las campanas nos pueden de nuevo susurrar, hacernos recobrar tiempos (¿pasados?) y espacios (interiores/exteriores), porque su sonido nos recupera el bullicio desguajado de la historia, recomponiéndolo para nosotros. el sonido, nadie lo dude, es revelación, esto es, tropezón con/tra lo desconocido que nos descalabra creencias y razones. es hora ya de atravesar el círculo de tiza, pautas y hormigón que los músicos han trazado alrededor de lo artístico, y exponernos abiertamente a otra escucha y compromiso, aceptando sus esplendores y miserias.
en un concierto de ciudad buscamos establecer otro tipo de relación. postulamos y construímos otra experiencia, otra forma de vida en común. es hora también de aceptarse como oídores de la misma manera que otros son ojeadores (no olviden pues el audio los veedores), y auscultar esa segunda piel (o pellejo viejo) que toda ciudad nos es, para extraer de las campanas memoria telúrica y común.
hoy nos reúnen aquí para (vía analogía) romper con ayuda del sonido las nubes que nos envuelven y volver nuestra mirada y nuestra escucha más traslúcida y permeable. las campanas son el instrumento que habita y suena entre tierra y cielo, encima de esas gigantescas estacas, escalas de jacob, mástiles o líanas cósmicas que llamamos campanarios (por los cuales ascendemos con dificultad y riesgo a cielos) que, mojones descomunales, verticalizan (llenando de polifonía) nuestro vivir en compañía menesterosa.
este andariego escuchar, este peregrinar entre el son (incitador e iniciático) es atención paciente y pausada, pues la levedad de ésta al exterior necesita tiempos dilatados, redundancias de badajos y espacios silenciosos y esenciales. en contra de lo que se supone, es ésta una música frágil, de idas quebradas y venidas, mas puede devolvernos la inocencia de escuchar como por primera vez el mundo que nos rodea. pero sobre todo se trata de una música que puede darnos cabal idea del ruido que, al decir del desaparecido julio caro baroja, se puede producir cuando se rompa el tiempo de uno.

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