MIÑANA, Fernando - El problema de las campanas en España: ¿molestan o no?

El problema de las campanas en España: ¿molestan o no?

El pulso por los toros en España se traslada a las campanas: varios ayuntamientos prohíben tañirlas para evitar molestias a los vecinos, mientras la comunidad de Madrid las protege por su valor cultural

El problema de las campanas en España: ¿molestan o no? - Autor: MIÑANA, Fernando
El problema de las campanas en España: ¿molestan o no? - Autor: MIÑANA, Fernando

a campana ‘Vicent’ fue fundida en 1755 y es la única de la iglesia de San Nicolás, en Valencia, que sobrevivió a la Guerra Civil a pesar de que fue lanzada desde el campanario. Lleva más de 260 años volteando en el corazón de la ciudad desde la atalaya de un templo donde hacen cola los turistas para deleitarse con los fastuosos frescos recién recuperados y rebautizados ya como ‘la Capilla Sixtina valenciana’. Hasta que la hicieron callar. El Ayuntamiento ordenó el 17 de enero, a través del Servicio de Contaminación Acústica, suspender el funcionamiento de las campanas –la mencionada ‘Vicent’ y también la ‘Colau’, ‘Pere la Gran’ y ‘Miquel’– porque un vecino, molesto por el sonido de sus tres toques diarios, presentó una denuncia y el consistorio comprobó que producía más decibelios de los permitidos (55 durante el día). Después llegaron a un acuerdo con el párroco para que solo tañeran a la hora del Ángelus (12) y durante los días especiales del calendario litúrgico.

Pilar Soriano, que es la edil responsable de la contaminación acústica y que asegura que en su barrio, en Patraix, el ritmo de la vida lo marca el campanario, se escuda en que solo dieron curso a las normas. «Es lo mismo que si un aparato de aire acondicionado es molesto: nos limitamos a hacer cumplir una ordenanza claramente desfasada. Porque solo están protegidas las campanas de la Catedral. No entiendo que no haya un capítulo propio para estos casos, como para regular los ruidos de las fiestas, de las Fallas. Nuestra idea es actualizarla».

La amenaza a San Nicolás se extendió a la iglesia de los Santos Juanes o al convento de San José de la Montaña. Y en el centro de España, en Móstoles, Ignacio Torres, el párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, se encontró con una multa de 16.000 euros –su presupuesto para todo el año es de 115.000– porque el tañido de las campanas de este antiquísimo lugar sagrado, del siglo XII, también pasaba de los 55 decibelios –una calle con mucho tráfico llega a los 75–. El Obispado de Getafe, de quien depende, recordó que han sonado «durante siglos» y hasta «lloraron por los hermanos fallecidos el 11-M de 2004», y calificó la decisión del consistorio de Móstoles de «inadmisible» porque no entiende que se pueda equiparar el sonido de las campanas con el de una maquinaria industrial.

En esta lid terció Cristina Cifuentes, presidenta de la comunidad de Madrid, decidida a proteger no solo este campanario sino todos los de Madrid. «La Comunidad pone fin a un vacío normativo que estaba empezando a generar problemas legales. Nuestra intención es que el uso de las campanas durante el día no esté sujeto a la aplicación de la normativa general sobre ruido».

La presidenta de la Comunidad de Madrid no cree que detrás de estas polémicas entre ayuntamientos –tanto en Valencia como en Móstoles, de izquierdas– haya un trasfondo político, un trasvase del pulso por los toros a las iglesias. «Estoy segura de que la mayoría de los alcaldes, con independencia de su ideología, no comparten esa actitud contraria al sonido de las campanas».

Marcar el tiempo

Esta fricción, en realidad, no es del todo nueva. En Zuera (Zaragoza), Urueña (Valladolid) o Colomers (Girona) ya intentaron poner sordina a las campanas. Aunque en pocos lugares han tenido, y tienen, tanto vuelo como en Valencia, su provincia y su comunidad, destino de la mayoría de las campanas que se funden en este siglo en España. Ya exageraba Víctor Hugo en su poema ‘Grenade’ al hablar de los trescientos campanarios de Valencia en 1828. Y sorprende que en la ciudad del bullicio y la pólvora, donde el pasado domingo se realizó una ‘despertà’ (el disparo de tracas y petardos en la calle) a las siete de la mañana y antes de entrar en marzo, el mes de las Fallas donde (casi) todo está permitido, puedan resultar insoportables los tres toques diarios de San Nicolás. ¡Si hasta el rey Don Jaime, el conquistador de Valencia, llevaba pequeñas campanas en su comitiva!

En esta ciudad se encuentra también Francesc Llop, toda una institución en la materia. Este antropólogo y campanero ha escrito cientos de artículos sobre campanas y sus toques, y hace años recibió el encargo del Ministerio de Cultura para realizar un inventario. El experto deja claro que la vida de la mayoría de los pueblos de España ha palpitado a golpe de badajo: actos litúrgicos, festivos y de luto; sus toques marcaban el tiempo antes de que lleváramos relojes y ordenaban el territorio –delimitados a veces por el alcance de un ‘dong’– y las actividades de los núcleos urbanos. Y cada pueblo presumía de la torre más alta, la campana más grande, la que más lejos resonaba y el campanero que mejor las volteaba.

Ley pionera en Cataluña

En la coqueta Girona también andan a campanazos. La denuncia de un hotel –un caso muy común: son los de fuera y lo que están de paso los que protestan y no los que conviven con los sonidos de la ciudad– llevó al Ayuntamiento a silenciar las campanas de la catedral, desde el 6 de enero de 2016, por la ley de Contaminación Acústica de 2002 y la Ordenanza Reguladora de Ruidos y Vibraciones de 2013. Pero no tardó en recular y deshacer su prohibición por un ‘olvido’: la Ley de Centros de Culto de Cataluña, una regla pionera en España, aprobada en 2009, que excluye las campanas de cualquier rango de ruido por ser «un atributo tradicional». Un referente para Cristina Cifuentes, como la moción del Senado que instó al Gobierno a que arbitre las medidas necesarias para salvaguardar el uso de las campanas de las iglesias y catedrales, excluyéndolo de las normas de protección acústica.

Llop considera las campanas como un instrumento musical que engloba el campanario, el yugo y el badajo –todo influye en su sonoridad, como su colocación:las más agudas, arriba, y las más graves, abajo– y ha reclamado en sus escritos que merecen «tener una incoación y una declaración específica según su relevancia».

No entiende que el único sonido que nos traslada a través de los siglos pueda ser amordazado. «El ruido, que es un derecho individual, se contrapone al derecho colectivo que es el patrimonio. Y el patrimonio es la limitación de los derechos individuales en favor de los colectivos», expone antes de recordar casos que considera absurdos, como el de Jaén, donde una persona que alquilaba su casa al lado de la catedral «exigía que derribaran la torre porque le quitaba el sol de la terraza».

Llop, esta semana de pueblo en pueblo de Aragón, apunta que las campanas nunca han sonado sin límite y que una norma de 1790 en Valencia ya acotaba que los toques no excedieran los cinco minutos. «Yo siempre que veo estos casos formulo la misma pregunta: ¿Por qué la persona a la que le molesta una campana nunca denuncia el tráfico que pasa por su calle?».

MIÑANA, Fernando

Ideal (04-03-2017)

  • COLOMERS: Campanas, campaneros y toques
  • GIRONA: Campanas, campaneros y toques
  • JAÉN: Campanas, campaneros y toques
  • MÓSTOLES: Campanas, campaneros y toques
  • URUEÑA: Campanas, campaneros y toques
  • VALÈNCIA: Campanas, campaneros y toques
  • ZUERA: Campanas, campaneros y toques
  • LLOP i BAYO, FRANCESC (VALÈNCIA) : Toques y otras actividades
  • Ruido y denuncias: Bibliografía

     

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    : 24-04-2017
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